martes, 25 de junio de 2013

Cuentos de la Historia



CUENTOS DE LA HISTORIA
REALIDAD SIN CUENTOS
Por Alfonso Díaz Ortega

Si de algún Poder existe memoria histórica que haya escapado a las garras del abuso, la corrupción y la perversión, será porque los historiadores de tal fueron sobornados por éste u obligados a decir lo que el Poderoso les dictó; o quizás porque silenció con el asesinato o el destierro a los atrevidos que intentaron decir las verdades ocultas a tiempo, o descubrir las mentiras en su momento: que para el caso es lo mismo.
El aplauso, la adulación, la conveniencia o la propaganda pagada son las crónicas escritas y diariamente dichas por los medios de comunicación que en el futuro utilizarán el investigador y el historiador para decir lo que en cierto sexenio o época determinada pasó; menuda base de la verdad histórica: embustera y menuda base para la historia que en el futuro enriquecerán los propaladores del embuste y a los “seleccionados” herederos del Poder –que pretenderán repetirla mejorándola: no inventándola– les encantará, desalentando a la esperanza de un futuro económico y socialmente mejor del resto que solo es utilizado para otorgarlo, no para quitarlo, no para ejercerlo, no para modificarlo: el Pueblo, el Pueblo, no sus votados convertidos al momento en ciudadanos distintos protegidos con su propio invento de la inmunidad del fuero; cual dictado cumplido de los Protocolos de los Sabios de Sión o maldición cumplida para el humilde y el ignorante, para el confiado y el honesto, para el gobernado y el trabajador; cual maldición secreta y milenaria conocida y heredada a genealogías interminables de oídos selectos de jerarcas o iniciados –para impulsar a que las cosas pasen y beneficiarse de lo que va a pasar y de lo que pasó– de la hermandad de cualquier sociedad Económica, Política, Católica, Mística, Rosacruz o Masón, que para el fin del práctico beneficio del secreto y del caso ¡vienen siendo lo mismo!: monopolizadores y manipuladores de la sabiduría que el tiempo da para beneficio del Hombre y no para unos cuantos “supuestos sabios hombres” que utilizan el conocimiento para encumbrarse, explotar y vivir a costa de la humildad y la ignorancia, para beneficiarse del Poder, apoderarse de él o vivir de éste: venden su silencio por diez centavos, aplauden por cincuenta, colaboran con éste por jugosos contratos, o lo ejercen enriqueciéndose con la desvergüenza y la vanagloria que el sentirse y creerse poderosos les otorga.
¿Qué han hecho los Intelectuales y los Sabios, los Especialistas y los Expertos en cualquier tema polémico que surge según el acierto o error del –en turno– Gobernador; y la prensa libre, la radio y la televisión con su cantaleta eterna en defensa de la Libertad de Expresión? ¡¿Criticar, juzgar, gritar?!… Mire que…, en Coahuila, en el sexenio pasado –y en lo que de éste va– no pudieron, no quisieron o acordaron –¿arreglo económico previo, amenaza sutil recibida o miedo de atreverse?–, no murmurar ni cuchichear; ¡prohibido criticar!: ¡ni dormido!… Silencio total, pero no porque hayan desaparecido, ¡no!, ¡siempre han existido!, lo extraño es que, la tinta y el aliento labioso se les terminó criticando durante seis años –cual consigna pagada: (¿lo sería?)– las acciones y programas del expresidentes Felipe Calderón y no les alcanzó para decir algo en contra del exgobernador y su heredero consanguíneo: no les alcanzó; el pago recibido –lo pactado o lo impuesto– no incluía una sola mala alusión: ¡una sola! ¡Viva la imposición a la Libertad de Expresión!
¿Qué han hecho los Ermitaños de cualquier sociedad Mística desde sus alucinadores claustros invadidos de un sueño sin opio; o los Grandes Maestros desde sus recintos obscuros iluminados con rituales secretos para leer, descifrar o transmitir a sus iniciados el contenido de sus papiros negros; o los “Santos Hombres” vestidos de blanco, de rojo o de negro desde sus monásticos tronos grandiosos, desde sus tabernáculos atestados de piedras preciosas y forrados de plata y de oro, desde sus campanarios magníficos o desde sus sótanos negros iluminados con parafina que mágicamente enciende con rezos, invadidos de incienso, llenos de cantos y saturados de “figuritas santas” más santas que los “rezadores santos”: de madera o yeso? (Hace tiempo ocultaron las de plata, de oro, y de marfil).
¿Qué han hecho los Legisladores locales contra el “populismo” obvio de los programas sociales diseñados exclusivamente para ganar adeptos, convencer rejegos, comprar conciencias, contrarrestar críticas y sumar sufragios? ¡¿Concertar?!
¿Qué han hecho los Intelectuales, los defensores de la Libertad de Expresión, los Líderes de sociedades Místicas, “grandes, medianos y mínimos maestros”, los dirigentes de la mayoritaria Fe y los Legisladores afines y contrarios al dictatorial partido en el poder para que los Gobernantes ejerzan sus funciones con “algo” de dignidad: o menos desvergüenza? ¿Callar y concertar por unas migajas del cuantioso pastel?, o ¿¡meditar, rezar!; ¡pedirle al cielo justicia y paz social!, alimento para los olvidados hambrientos, hartos medicamentos para prevenir o desaparecer la enfermedad; que no se sigan haciendo más ricos los que tiene mucho quitándoles a muchos pobres lo poco que al nacer la vida les da; que el hambriento tenga algo para comer y no solo esperanza y conformismo, ilusión y fanatismo, vicio y consumismo, promesas y supuesta libertad!?…, mire que estos “distinguidos y grandes hombres de prestigio rimbombante” llevan ya miles de años supuestamente intentándolo… y todo sigue peor: quedándose sin bolsa dónde guardar su necesidad el humilde y en aumento ilimitado la del rico… ¡que siempre quiere más!
Lo que han hecho con el Poder los poderosos ha sido encumbrarse sobre la inmensa base de pobreza, ignorancia y humildad que crece día con día más gracias a las pésimas políticas de Gobierno y a sus Legisladores que favorecen u obedecen al dueño del Capital.
Lo que hicieron que pasara  por no haber hecho lo que debían no exige revisar los cuentos falsos de la historia oficial de cualquier sexenio, basta simplemente vivir, sentir y ver la realidad.
En aumento el hambre entre los que no tienen nada; en aumento el vicio entre los que les queda algo y el consumismo y el vicio entre los que les queda más; en aumento el fanatismo buscando la paz, el perdón y la tranquilidad entre los que se gastaron todo o delinquieron para abonar a lo que la propaganda de lo superfluo los hizo gastar de más; en aumento la venta de medicamentos para la tensión nerviosa y la afluencia a las terapias o al confesionario de los arrepentidos que pisaron fondo, y en aumento la venta de féretros y terrenos santos para quienes no se pudieron, a tiempo, recuperar; en aumento la explotación y el abuso al Pueblo desesperado y dividido entre tanta religión y tantos partidos, cuyos Jerarcas solo buscan, de limosnas y diezmos, sus ánforas llenar y los Dirigentes partidistas vivir del erario, con el Poder Gobernante concertar y a los Amos del Dinero, acatar.
Mas de esta realidad queda mínima historia, los Gobernantes causantes o co-responsables de todo esto dictan, a los Medios de Comunicación vendibles y a los Líderes Sociales títeres, la Oficial.
No dictaron ni registraron –las estadísticas malas son malas para un mal Gobierno– el aumento de la crisis gracias al beneficio falso –para el Pueblo consumidor– por la opción embustera de mayor elección entre la competencia libre del Libre Mercado con su trasnacional especulación, ni los ridículos aumentos al Mínimo Salario Mínimo impuesto por tipos que ganan casi medio millón: (pero roban más); ni los parsimoniosos consejos de los rectores de la Fe que exigen al Pobre Pueblo sacrificio, oración, diezmo y resignación a cambio de la eternidad; ni el mutismo de los Líderes Sociales y Defensores de la Libertad de Expresión que enmudecieron con billetes puesto en la boca como silenciador –¿dónde están los que, en Piedras Negras gritaban ¡No al Tajo Norte!?–; ni el silencio de los Intelectuales y los Místicos que solo cuando les conviene, o existe amenaza a su milenario poderío “sabio”, salen a criticar: salvo que anden perdidos entre las letras de sus tantos textos o, en sus laboratorios secretos, embarrados hasta las orejas de los elementos mezclados buscando lo preciso, lo precioso, lo valioso y lo perpetuo, o transmitiendo a Iniciados nuevos los secretos de sus papiros negros o viajando desdoblados por las estrellas desde sus ermitas sin opio atestadas de meditación: ¡les vale madre la injusticia y la pobreza que sufre el Pueblo! ¡Y todos ellos cumpliendo con los acuerdos, pactos y tranzas entre Don Dinero, Don Político y Don Clero! Don Expresión, ¡ja!, ¡es a la izquierda un cero!: es un chantajista, es un vulgar extorsionador.
No existe cura para la necesidad del Pueblo. La caridad otorgada y televisada –con platillo y pompa–, de los que en poquísimos años se hicieron multimillonarios a su costa, no alcanza, solo distingue y envanece al que públicamente, y deducible de impuestos, la da; no bastan los programas sociales ni las despensas electorales para quitarle el hambre, quizás ayudará más dejar en la pobreza a tantos contratistas y políticos multimillonarios que durante años han saqueado hasta la más mínima dependencias Gubernamental: ambos prefirieron ser bandidos y sinvergüenzas y no pobres ni “pobres políticos”; ni las dádivas diezmadas que regresa Don Clero de las ofrendas y diezmos, que recibe del creyente Pueblo, cuando éste se muere de necesidad de comer algo y no por falta de Fe o hambre de consuelo espiritual: no bastan los comedores “santos” financiados por adinerados arrepentidos que nunca lo serán. Los Líderes Sociales, los Gobernantes y Dios definitivamente lo ha olvidado; quizás los “santos hombres” no le piden con ferviente Fe al que está en el cielo –de pedírselo– que aligere, de su Pueblo, el pesar o que llegue un Hombre honesto y justo para gobernar: más de dos mil años intentándolo sin ¡absolutamente nada lograr!, ¡¿cómo convencer al Pueblo de que Dios tiene la cura para su necesidad?! ¿Con la promesa de un paraíso para el pobre –que se deja, en este mundo, por impotencia obvia, explotar– donde no existirá la pobreza, la necesidad y donde todo será felicidad? ¿Cómo saberlo si no existirá la decepción, la tristeza y el dolor para, dicho estado emocional, poderlo compararlo y evaluar? ¡¿Cómo?!…
La Historia Oficial contada: ¡qué bonita falsedad! Somos un Estado, en recursos y en pobres, muy rico, y pobre en Ricos “muy ricos” también: ¡son tan poquitos así!
La Realidad sin Cuentos no embriaga: pero al Pueblo ¡cuanto dolor de cabeza le da!
La Historia se cuenta, la Realidad se vive: y ambas dicen, a veces, cosas opuestas.
La Fe quizás pacifique y nutra al espíritu: mas no tranquiliza ni le otorga alimento al desnutrido cuerpo; la Fe quizás cure la enfermedad del alma: mas no el malvado corazón de los abusivos Gobernantes y millonarios especuladores, aunque éstos públicamente se hinquen, vayan a visitar al Papa para que los bendiga o recen. La Fe quizás le otorgue confianza ciega al elector al hacer, de entre los candidatos que más le ofrezcan –o acate, de Don Cura, su recomendación– su elección: y éste confiadamente abusa del Poder que el electorado le otorgó. La Fe nunca movió montañas, derrocó Gobiernos, corruptos o no, mas ya no lo hace; durante veinte siglos logró consolidar uno terrenal y casi perpetuo: el suyo; a los otros, en misas privadas los bendicen y en multitudinarias consuelan y sutilmente administra y someten la desesperación, la ira y las revueltas del Pueblo: salvo que la Revolución convenga a él y a Don Dinero. Ya no se inventa Hidalgos porque ya no tienen que luchar por el Poder: hace siglos lo comparten, y en las elecciones, nunca pierden, gane quien gane. Los Gobernantes prometen paraísos para “La Gente” –idénticos o mejor que el que los Profetas dijeron será para los sufridos creyentes–, sin especificar que se refieren a “su gente”: que lo gozan vivos y no después de la muerte.
La Realidad y la Historia en algunos puntos se cruzan y coinciden, ambas saben que atestadas de letras están las mentes de los Intelectuales y los Sabios; de secretos descifrados de papiros místicos la de los Grande Maestros: o de cualquier tamaño; de meditaciones eternas, viajes astrales y alucinaciones fantásticas: la de los Ermitaños; de rosarios infinitos, de inciensos con aromas perpetuos y humeantes para imaginarse la figura de cualquier Santo, de oraciones y ceremonias especiales para suponer lograr cualquier milagro –personal, nunca multitudinario–: la de los hombres vestidos de negro, de rojo o de blanco que en futuros no muy lejanos podrían ser, por desaparecerle el dolor de cabeza a un desesperado y hambriento creyente fanático, canonizados: de no salir a la luz pública placeres y abusos similares a los de don Maciel; de ideas para incrementarse sueldos y de leyes dictadas por los poderosos: la de los Legisladores votados por el Pueblo para servir a los grandes capitales de los Empresarios.
Letras, papiros, viajes astrales, leyes y rosarios: ¿en qué han beneficiado al Pueblo después de miles de años? Ésta es la cruda realidad no cuestionada ni escrita que los cronistas, eternamente por el erario pagados, han deliberadamente olvidado escribir u ocultado: o simplemente no publicado.
¿De que le sirve al pobre Pueblo que un Gran Maestro de las Letras, del Dinero, de la Mística, de la Política, de la Ciencia, del Milagro, de la magia o del engaño, pueda redactar extensos textos, repartir un décimo de sus tesoros inmensos, pasearlo por los confines infinitos de las mentes y las estrellas, cambiarle un voto por una despensa, darle la cura para su enfermedad por un millón de pesos que nunca aprendió a contar y jamás podrá ganar, multiplicarle los panes, hacer florecer duraznos, mover montañas, curar a sus enfermos, resucitar a sus muertos o derrocar Gobiernos? ¿De que le sirve tanta letra, dádiva, obra, paseo o supuesto milagro si él sigue sufriendo la injusticia de las Instituciones y a millones, el hambre causado por la sabiduría y codicia de los poderosos, ha matado? ¿Acaso no es ésta también la intención final de las “bendecidas” guerras?
¿Qué escribirán en el futuro los historiadores sobre Humberto Moreira Valdés si investigan lo que en toda la prensa del Estado y en los noticiarios de radio y televisión, durante seis años se dijo, se escribió y se grabó de aplausos y adulación y solamente una semana de ambigua y tibia crítica a su pésima económica función?… La libertad no se vende: ¿la justicia, la prensa, la radio y la televisión?… ¿Cuánto de los trescientos mil millones que fraudulentamente se pidieron prestados les tocó? ¿Villarreal, ¡todos se los llevó!?… ¡Ja!
Los Intelectuales –filósofos, religiosos, místicos, críticos, políticos afines y contrarios– se dieron perfecta cuenta, desde el inicio de tal Gobierno, –pues éstos “Gobernantes” tienden más a repetir la historia que a inventarla– de su populista y económicamente rentable –para los Gobernantes, socios y compadres–, rumbo, pero en lugar de públicamente oponerse o criticarlo nada dijeron o se sumaron a la adulación, al aplauso o al sabido beneficio de mantenerse sumisos, callados: la posibilidad o promesa efectiva de recibir –¡durante seis años!– dinero del pueblo por callar, publicitar o adular, ¡sin facturar!, o contratos millonarios por obras que se caen solas y sin supervisar, ¡los convenció!
¿Los historiadores futuros del presente –como los actuales del pasado– basarán sus “respetables” obras en las reseñas sesgadas de los Medios de Comunicación? ¡Qué farsa!
¡Viva la concertada Libertad de Expresión!
¡Más, más, más!
Dios no liberará al Pueblo de amenaza tal; los hombres de Dios, los Legisladores, los Intelectuales, los Místicos y los caritativos hombres del dinero ¡menos!: todos ellos seguirán haciendo, para ellos mismos, mucho más, mucho más, ¡mucho más!
Como que va haciendo falta, no un cambio de partido en el Gobierno –igual se reparten–, sino una verdadera Revolución a causa del Hambre y no por la envidia y la codiciosa del poderoso hombre:… como que va haciendo falta.
Ya andará por ahí alguien buscando algún poderoso relegado y resentido para financiarla, o el poderoso resentido seleccionando a un posible Mártir para iniciarla: pero resultará como casi todas, ¡igual de falsa!
No cabe duda, la historia emborracha con su vuelta y vuelta: perdón, emborrachan quienes le siguen dando, a su particular beneficio y placer, rumbo y cuerda… rumbo y cuerda… rumbo y cuerda.
Todo aquel que le ofrece algo por –por él– ir a votar, está repitiendo los métodos de Gobiernos pasados para enriquecerse más. ¡Les falta ingenio: les sobra vergüenza!

Llueve y Piedras Negras llora



LLUEVE Y PIEDRAS NEGRAS LLORA
Por Alfonso Díaz Ortega

Llueve en Piedras Negras: llueve.
Ésta lluvia bendita,
¡ésta tormenta maldita!
Ésta agua que me da vida,
¡ésta tormenta que me la quita!
Pero… alegrarme o quejarme no puedo sin tu existir:
¡La vida no sería vida sin ti!
¿Cómo culpar a la lluvia de la inundación,
de los sufrimientos que dejan los muertos y de la enfermedad?
¡Si es el alimento de mis alimentos
y la calma de mi sed cuando tarda mucho en llegar!

Lluvia exagerada no puedo culparte a ti
porque tantas casas y cosas se fueron en tu escurrir,
porque hermanos queridos se ahogaron o perdieron todo,
donde, por culpa del hombre, no pudiste fluir.

No fuiste tú, lluvia bendita, quien nos causó tanto daño, fue la codicia del hombre malo que autorizó nos hicieran casas en lagunas y arroyos: ¡en lugares así!

«¡Atípica!» te llaman los hombres “sabios”.
¡Típica es la ignorancia que exhiben los “sabios malos”!,
pues no pudieron tu llegada pronosticar…
o no quisieron, a tiempo, al Pueblo avisar.

Fueron los Constructores y los Funcionarios corruptos, fueron los Cabildos y los consejeros del Consejo de Desarrollo Urbano –parientes, socios o compadres de Desarrolladores malos–, actuales y pasados –pues no cambian mucho–, los responsables de que Piedras Negras, año con año, vuelva a sufrir: –dicen que por ti.

Fueron las Autoridades Estatales y Municipales –pasadas o actuales– quienes prefirieron construir la Macro Plaza, el Asta monumental, el Paseo del Río –por donde, ciertamente, cada año se pasea atrayendo al turismo local para admirar su daño–, Escuelas que se inundan, Puentes que se caen solos o no usa nadie y decorar o reconstruir –con “singular y fúnebre pasión”– Edificios Públicos, en lugar de infraestructura hidráulica pluvial: ¡No es negocio político prevenirnos a tiempo de ti o invertir en obras que no se ven! ¡No es negocio advertir! Les reditúa más negociar admiración, aplausos o votos por ayudar al pobre damnificado y, económicamente, con los cuantiosos fondos Federales para desastres naturales que año con año solicitan –por tu culpa: dicen–, para, a enorme e inflado costo manejado sin discreción, a Piedras Negras reconstruir. –A algún compadre y predilecto Constructor, públicamente “muy dadivoso”, el contrato más “jugoso” se lo asignarán.

Es culpa de todos ellos de que el Pueblo llore cuando en Piedras Negras llueve. Y ninguna Autoridad ha preguntado por Ellos ni les anda buscando para fincarles responsabilidad: ¡ni preguntará!, porque seguramente resultarán ser miembros de la misma hermandad, o cuando menos compartirán un vicio similar: la codicia es uno.

«¡Salvadores de la desgracia del desgraciado!»: se autonombran.
«¡Vota por mí!». Por un colchón: –le aconsejan al pobre empapado.
«¡El gobierno te ayuda, agradécele confiando y aplaudiendo!».
«¡El Gobierno es de la gente y está aquí!».
¡Corruptos!, ¡ratas!, ¡desalmados!
Se presentan como salvadores de lo que ellos,
por complicidad y codicia, han causado.

Que Dios nos salve María por tener a Autoridades y Gobernantes así.
Y a todos ellos que no los salve de la ira del Pueblo jodido
que ya no puede resistir: ¡que no los salve!

Ay María María, tu Paraíso Celestial,
–el terrenal de tus representantes también–,
como el de los Constructores, Funcionarios y Gobernantes malos,
no se llueve: no se inunda,
¿porqué no te vienes a vivir aquí?
No te caería mal sentir lo que se siente sufrir así,
no perdiendo a un hijo sino perdiendo a todos y todo,
mas no por mandato divino,
sino por los corazones malvados y corruptos que Tú Padre permitió vivir;
y ya quizás puedas ayudarnos un poquito más:
porque mira…, bastante hemos rezado;
talvez lo nublado no permite a muestro ruego,
hasta donde Tú estas, subir,
o Tú, por lo tendido de la tormenta,
no pudiste vernos desde allá
y en nuestro auxilio venir…: talvez.

Soy pobre y no tengo una cobija para el damnificado,
ni una oración de consuelo que llegue hasta el Cielo: está nublado.
No soy Candidato, Constructor, Funcionario ni Gobernante malo
para cambiarle una despensa, un colchón o un refrigerador
por admiración, gratitud, aplausos, sumisión… o votos,
pero tengo un abrazo y un corazón sinceros.
¡Siéntalos hermano damnificado!
Publicado en Periódico “El Único”