martes, 25 de junio de 2013

Llueve y Piedras Negras llora



LLUEVE Y PIEDRAS NEGRAS LLORA
Por Alfonso Díaz Ortega

Llueve en Piedras Negras: llueve.
Ésta lluvia bendita,
¡ésta tormenta maldita!
Ésta agua que me da vida,
¡ésta tormenta que me la quita!
Pero… alegrarme o quejarme no puedo sin tu existir:
¡La vida no sería vida sin ti!
¿Cómo culpar a la lluvia de la inundación,
de los sufrimientos que dejan los muertos y de la enfermedad?
¡Si es el alimento de mis alimentos
y la calma de mi sed cuando tarda mucho en llegar!

Lluvia exagerada no puedo culparte a ti
porque tantas casas y cosas se fueron en tu escurrir,
porque hermanos queridos se ahogaron o perdieron todo,
donde, por culpa del hombre, no pudiste fluir.

No fuiste tú, lluvia bendita, quien nos causó tanto daño, fue la codicia del hombre malo que autorizó nos hicieran casas en lagunas y arroyos: ¡en lugares así!

«¡Atípica!» te llaman los hombres “sabios”.
¡Típica es la ignorancia que exhiben los “sabios malos”!,
pues no pudieron tu llegada pronosticar…
o no quisieron, a tiempo, al Pueblo avisar.

Fueron los Constructores y los Funcionarios corruptos, fueron los Cabildos y los consejeros del Consejo de Desarrollo Urbano –parientes, socios o compadres de Desarrolladores malos–, actuales y pasados –pues no cambian mucho–, los responsables de que Piedras Negras, año con año, vuelva a sufrir: –dicen que por ti.

Fueron las Autoridades Estatales y Municipales –pasadas o actuales– quienes prefirieron construir la Macro Plaza, el Asta monumental, el Paseo del Río –por donde, ciertamente, cada año se pasea atrayendo al turismo local para admirar su daño–, Escuelas que se inundan, Puentes que se caen solos o no usa nadie y decorar o reconstruir –con “singular y fúnebre pasión”– Edificios Públicos, en lugar de infraestructura hidráulica pluvial: ¡No es negocio político prevenirnos a tiempo de ti o invertir en obras que no se ven! ¡No es negocio advertir! Les reditúa más negociar admiración, aplausos o votos por ayudar al pobre damnificado y, económicamente, con los cuantiosos fondos Federales para desastres naturales que año con año solicitan –por tu culpa: dicen–, para, a enorme e inflado costo manejado sin discreción, a Piedras Negras reconstruir. –A algún compadre y predilecto Constructor, públicamente “muy dadivoso”, el contrato más “jugoso” se lo asignarán.

Es culpa de todos ellos de que el Pueblo llore cuando en Piedras Negras llueve. Y ninguna Autoridad ha preguntado por Ellos ni les anda buscando para fincarles responsabilidad: ¡ni preguntará!, porque seguramente resultarán ser miembros de la misma hermandad, o cuando menos compartirán un vicio similar: la codicia es uno.

«¡Salvadores de la desgracia del desgraciado!»: se autonombran.
«¡Vota por mí!». Por un colchón: –le aconsejan al pobre empapado.
«¡El gobierno te ayuda, agradécele confiando y aplaudiendo!».
«¡El Gobierno es de la gente y está aquí!».
¡Corruptos!, ¡ratas!, ¡desalmados!
Se presentan como salvadores de lo que ellos,
por complicidad y codicia, han causado.

Que Dios nos salve María por tener a Autoridades y Gobernantes así.
Y a todos ellos que no los salve de la ira del Pueblo jodido
que ya no puede resistir: ¡que no los salve!

Ay María María, tu Paraíso Celestial,
–el terrenal de tus representantes también–,
como el de los Constructores, Funcionarios y Gobernantes malos,
no se llueve: no se inunda,
¿porqué no te vienes a vivir aquí?
No te caería mal sentir lo que se siente sufrir así,
no perdiendo a un hijo sino perdiendo a todos y todo,
mas no por mandato divino,
sino por los corazones malvados y corruptos que Tú Padre permitió vivir;
y ya quizás puedas ayudarnos un poquito más:
porque mira…, bastante hemos rezado;
talvez lo nublado no permite a muestro ruego,
hasta donde Tú estas, subir,
o Tú, por lo tendido de la tormenta,
no pudiste vernos desde allá
y en nuestro auxilio venir…: talvez.

Soy pobre y no tengo una cobija para el damnificado,
ni una oración de consuelo que llegue hasta el Cielo: está nublado.
No soy Candidato, Constructor, Funcionario ni Gobernante malo
para cambiarle una despensa, un colchón o un refrigerador
por admiración, gratitud, aplausos, sumisión… o votos,
pero tengo un abrazo y un corazón sinceros.
¡Siéntalos hermano damnificado!
Publicado en Periódico “El Único”

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