CUENTOS DE LA HISTORIA
REALIDAD SIN CUENTOS
Por
Alfonso Díaz Ortega
Si
de algún Poder existe memoria histórica que haya escapado a las garras del
abuso, la corrupción y la perversión, será porque los historiadores de tal
fueron sobornados por éste u obligados a decir lo que el Poderoso les dictó; o
quizás porque silenció con el asesinato o el destierro a los atrevidos que
intentaron decir las verdades ocultas a tiempo, o descubrir las mentiras en su
momento: que para el caso es lo mismo.
El
aplauso, la adulación, la conveniencia o la propaganda pagada son las crónicas
escritas y diariamente dichas por los medios de comunicación que en el futuro
utilizarán el investigador y el historiador para decir lo que en cierto sexenio
o época determinada pasó; menuda base de la verdad histórica: embustera y
menuda base para la historia que en el futuro enriquecerán los propaladores del
embuste y a los “seleccionados” herederos del Poder –que pretenderán repetirla
mejorándola: no inventándola– les encantará, desalentando a la esperanza de un
futuro económico y socialmente mejor del resto que solo es utilizado para
otorgarlo, no para quitarlo, no para ejercerlo, no para modificarlo: el Pueblo,
el Pueblo, no sus votados convertidos al momento en ciudadanos distintos
protegidos con su propio invento de la inmunidad del fuero; cual dictado
cumplido de los Protocolos de los Sabios de Sión o maldición cumplida para el
humilde y el ignorante, para el confiado y el honesto, para el gobernado y el
trabajador; cual maldición secreta y milenaria conocida y heredada a
genealogías interminables de oídos selectos de jerarcas o iniciados –para
impulsar a que las cosas pasen y beneficiarse de lo que va a pasar y de lo que
pasó– de la hermandad de cualquier sociedad Económica, Política, Católica,
Mística, Rosacruz o Masón, que para el fin del práctico beneficio del secreto y
del caso ¡vienen siendo lo mismo!: monopolizadores y manipuladores de la
sabiduría que el tiempo da para beneficio del Hombre y no para unos cuantos
“supuestos sabios hombres” que utilizan el conocimiento para encumbrarse,
explotar y vivir a costa de la humildad y la ignorancia, para beneficiarse del
Poder, apoderarse de él o vivir de éste: venden su silencio por diez centavos,
aplauden por cincuenta, colaboran con éste por jugosos contratos, o lo ejercen
enriqueciéndose con la desvergüenza y la vanagloria que el sentirse y creerse
poderosos les otorga.
¿Qué
han hecho los Intelectuales y los Sabios, los Especialistas y los Expertos en
cualquier tema polémico que surge según el acierto o error del –en turno–
Gobernador; y la prensa libre, la radio y la televisión con su cantaleta eterna
en defensa de la Libertad
de Expresión? ¡¿Criticar, juzgar, gritar?!… Mire que…, en Coahuila, en el
sexenio pasado –y en lo que de éste va– no pudieron, no quisieron o acordaron
–¿arreglo económico previo, amenaza sutil recibida o miedo de atreverse?–, no
murmurar ni cuchichear; ¡prohibido criticar!: ¡ni dormido!… Silencio total,
pero no porque hayan desaparecido, ¡no!, ¡siempre han existido!, lo extraño es
que, la tinta y el aliento labioso se les terminó criticando durante seis años
–cual consigna pagada: (¿lo sería?)– las acciones y programas del expresidentes
Felipe Calderón y no les alcanzó para decir algo en contra del exgobernador y
su heredero consanguíneo: no les alcanzó; el pago recibido –lo pactado o lo
impuesto– no incluía una sola mala alusión: ¡una sola! ¡Viva la imposición a la Libertad de Expresión!
¿Qué
han hecho los Ermitaños de cualquier sociedad Mística desde sus alucinadores
claustros invadidos de un sueño sin opio; o los Grandes Maestros desde sus
recintos obscuros iluminados con rituales secretos para leer, descifrar o
transmitir a sus iniciados el contenido de sus papiros negros; o los “Santos Hombres”
vestidos de blanco, de rojo o de negro desde sus monásticos tronos grandiosos,
desde sus tabernáculos atestados de piedras preciosas y forrados de plata y de
oro, desde sus campanarios magníficos o desde sus sótanos negros iluminados con
parafina que mágicamente enciende con rezos, invadidos de incienso, llenos de
cantos y saturados de “figuritas santas” más santas que los “rezadores santos”:
de madera o yeso? (Hace tiempo ocultaron las de plata, de oro, y de marfil).
¿Qué
han hecho los Legisladores locales contra el “populismo” obvio de los programas
sociales diseñados exclusivamente para ganar adeptos, convencer rejegos,
comprar conciencias, contrarrestar críticas y sumar sufragios? ¡¿Concertar?!
¿Qué
han hecho los Intelectuales, los defensores de la Libertad de Expresión, los
Líderes de sociedades Místicas, “grandes, medianos y mínimos maestros”, los
dirigentes de la mayoritaria Fe y los Legisladores afines y contrarios al
dictatorial partido en el poder para que los Gobernantes ejerzan sus funciones
con “algo” de dignidad: o menos desvergüenza? ¿Callar y concertar por unas
migajas del cuantioso pastel?, o ¿¡meditar, rezar!; ¡pedirle al cielo justicia
y paz social!, alimento para los olvidados hambrientos, hartos medicamentos
para prevenir o desaparecer la enfermedad; que no se sigan haciendo más ricos
los que tiene mucho quitándoles a muchos pobres lo poco que al nacer la vida
les da; que el hambriento tenga algo para comer y no solo esperanza y
conformismo, ilusión y fanatismo, vicio y consumismo, promesas y supuesta
libertad!?…, mire que estos “distinguidos y grandes hombres de prestigio
rimbombante” llevan ya miles de años supuestamente intentándolo… y todo sigue
peor: quedándose sin bolsa dónde guardar su necesidad el humilde y en aumento
ilimitado la del rico… ¡que siempre quiere más!
Lo
que han hecho con el Poder los poderosos ha sido encumbrarse sobre la inmensa
base de pobreza, ignorancia y humildad que crece día con día más gracias a las
pésimas políticas de Gobierno y a sus Legisladores que favorecen u obedecen al
dueño del Capital.
…
Lo
que hicieron que pasara por no haber
hecho lo que debían no exige revisar los cuentos falsos de la historia oficial
de cualquier sexenio, basta simplemente vivir, sentir y ver la realidad.
En
aumento el hambre entre los que no tienen nada; en aumento el vicio entre los
que les queda algo y el consumismo y el vicio entre los que les queda más; en
aumento el fanatismo buscando la paz, el perdón y la tranquilidad entre los que
se gastaron todo o delinquieron para abonar a lo que la propaganda de lo
superfluo los hizo gastar de más; en aumento la venta de medicamentos para la
tensión nerviosa y la afluencia a las terapias o al confesionario de los arrepentidos
que pisaron fondo, y en aumento la venta de féretros y terrenos santos para
quienes no se pudieron, a tiempo, recuperar; en aumento la explotación y el
abuso al Pueblo desesperado y dividido entre tanta religión y tantos partidos,
cuyos Jerarcas solo buscan, de limosnas y diezmos, sus ánforas llenar y los Dirigentes
partidistas vivir del erario, con el Poder Gobernante concertar y a los Amos
del Dinero, acatar.
Mas
de esta realidad queda mínima historia, los Gobernantes causantes o
co-responsables de todo esto dictan, a los Medios de Comunicación vendibles y a
los Líderes Sociales títeres, la
Oficial.
No
dictaron ni registraron –las estadísticas malas son malas para un mal Gobierno–
el aumento de la crisis gracias al beneficio falso –para el Pueblo consumidor–
por la opción embustera de mayor elección entre la competencia libre del Libre
Mercado con su trasnacional especulación, ni los ridículos aumentos al Mínimo
Salario Mínimo impuesto por tipos que ganan casi medio millón: (pero roban
más); ni los parsimoniosos consejos de los rectores de la Fe que exigen al Pobre Pueblo sacrificio,
oración, diezmo y resignación a cambio de la eternidad; ni el mutismo de los
Líderes Sociales y Defensores de la
Libertad de Expresión que enmudecieron con billetes puesto en
la boca como silenciador –¿dónde están los que, en Piedras Negras gritaban ¡No
al Tajo Norte!?–; ni el silencio de los Intelectuales y los Místicos que solo
cuando les conviene, o existe amenaza a su milenario poderío “sabio”, salen a
criticar: salvo que anden perdidos entre las letras de sus tantos textos o, en
sus laboratorios secretos, embarrados hasta las orejas de los elementos
mezclados buscando lo preciso, lo precioso, lo valioso y lo perpetuo, o
transmitiendo a Iniciados nuevos los secretos de sus papiros negros o viajando
desdoblados por las estrellas desde sus ermitas sin opio atestadas de
meditación: ¡les vale madre la injusticia y la pobreza que sufre el Pueblo! ¡Y
todos ellos cumpliendo con los acuerdos, pactos y tranzas entre Don Dinero, Don
Político y Don Clero! Don Expresión, ¡ja!, ¡es a la izquierda un cero!: es un
chantajista, es un vulgar extorsionador.
No
existe cura para la necesidad del Pueblo. La caridad otorgada y televisada –con
platillo y pompa–, de los que en poquísimos años se hicieron multimillonarios a
su costa, no alcanza, solo distingue y envanece al que públicamente, y
deducible de impuestos, la da; no bastan los programas sociales ni las
despensas electorales para quitarle el hambre, quizás ayudará más dejar en la pobreza
a tantos contratistas y políticos multimillonarios que durante años han
saqueado hasta la más mínima dependencias Gubernamental: ambos prefirieron ser bandidos
y sinvergüenzas y no pobres ni “pobres políticos”; ni las dádivas diezmadas que
regresa Don Clero de las ofrendas y diezmos, que recibe del creyente Pueblo,
cuando éste se muere de necesidad de comer algo y no por falta de Fe o hambre
de consuelo espiritual: no bastan los comedores “santos” financiados por
adinerados arrepentidos que nunca lo serán. Los Líderes Sociales, los
Gobernantes y Dios definitivamente lo ha olvidado; quizás los “santos hombres”
no le piden con ferviente Fe al que está en el cielo –de pedírselo– que
aligere, de su Pueblo, el pesar o que llegue un Hombre honesto y justo para
gobernar: más de dos mil años intentándolo sin ¡absolutamente nada lograr!,
¡¿cómo convencer al Pueblo de que Dios tiene la cura para su necesidad?! ¿Con
la promesa de un paraíso para el pobre –que se deja, en este mundo, por
impotencia obvia, explotar– donde no existirá la pobreza, la necesidad y donde
todo será felicidad? ¿Cómo saberlo si no existirá la decepción, la tristeza y
el dolor para, dicho estado emocional, poderlo compararlo y evaluar? ¡¿Cómo?!…
…
La Historia Oficial contada: ¡qué bonita falsedad! Somos un Estado, en recursos y en
pobres, muy rico, y pobre en Ricos “muy ricos” también: ¡son tan poquitos así!
La Realidad sin Cuentos no embriaga: pero al Pueblo ¡cuanto dolor de cabeza le da!
…
La Historia se cuenta, la
Realidad se vive: y ambas dicen, a veces, cosas opuestas.
La Fe quizás pacifique y nutra al espíritu: mas no tranquiliza ni le otorga
alimento al desnutrido cuerpo; la
Fe quizás cure la enfermedad del alma: mas no el malvado
corazón de los abusivos Gobernantes y millonarios especuladores, aunque éstos
públicamente se hinquen, vayan a visitar al Papa para que los bendiga o recen. La Fe quizás le otorgue confianza
ciega al elector al hacer, de entre los candidatos que más le ofrezcan –o
acate, de Don Cura, su recomendación– su elección: y éste confiadamente abusa
del Poder que el electorado le otorgó. La
Fe nunca movió montañas, derrocó Gobiernos, corruptos o no,
mas ya no lo hace; durante veinte siglos logró consolidar uno terrenal y casi
perpetuo: el suyo; a los otros, en misas privadas los bendicen y en
multitudinarias consuelan y sutilmente administra y someten la desesperación,
la ira y las revueltas del Pueblo: salvo que la Revolución convenga a
él y a Don Dinero. Ya no se inventa Hidalgos porque ya no tienen que luchar por
el Poder: hace siglos lo comparten, y en las elecciones, nunca pierden, gane
quien gane. Los Gobernantes prometen paraísos para “La Gente” –idénticos o mejor
que el que los Profetas dijeron será para los sufridos creyentes–, sin
especificar que se refieren a “su gente”: que lo gozan vivos y no después de la
muerte.
La Realidad y la Historia
en algunos puntos se cruzan y coinciden, ambas saben que atestadas de letras
están las mentes de los Intelectuales y los Sabios; de secretos descifrados de
papiros místicos la de los Grande Maestros: o de cualquier tamaño; de
meditaciones eternas, viajes astrales y alucinaciones fantásticas: la de los Ermitaños;
de rosarios infinitos, de inciensos con aromas perpetuos y humeantes para
imaginarse la figura de cualquier Santo, de oraciones y ceremonias especiales
para suponer lograr cualquier milagro –personal, nunca multitudinario–: la de
los hombres vestidos de negro, de rojo o de blanco que en futuros no muy
lejanos podrían ser, por desaparecerle el dolor de cabeza a un desesperado y
hambriento creyente fanático, canonizados: de no salir a la luz pública
placeres y abusos similares a los de don Maciel; de ideas para incrementarse
sueldos y de leyes dictadas por los poderosos: la de los Legisladores votados
por el Pueblo para servir a los grandes capitales de los Empresarios.
Letras, papiros, viajes astrales, leyes y rosarios: ¿en qué han
beneficiado al Pueblo después de miles de años? Ésta es la cruda realidad no cuestionada
ni escrita que los cronistas, eternamente por el erario pagados, han
deliberadamente olvidado escribir u ocultado: o simplemente no publicado.
¿De
que le sirve al pobre Pueblo que un Gran Maestro de las Letras, del Dinero, de la Mística, de la Política, de la Ciencia, del Milagro, de
la magia o del engaño, pueda redactar extensos textos, repartir un décimo de
sus tesoros inmensos, pasearlo por los confines infinitos de las mentes y las
estrellas, cambiarle un voto por una despensa, darle la cura para su enfermedad
por un millón de pesos que nunca aprendió a contar y jamás podrá ganar,
multiplicarle los panes, hacer florecer duraznos, mover montañas, curar a sus
enfermos, resucitar a sus muertos o derrocar Gobiernos? ¿De que le sirve tanta
letra, dádiva, obra, paseo o supuesto milagro si él sigue sufriendo la injusticia
de las Instituciones y a millones, el hambre causado por la sabiduría y codicia
de los poderosos, ha matado? ¿Acaso no es ésta también la intención final de
las “bendecidas” guerras?
¿Qué
escribirán en el futuro los historiadores sobre Humberto Moreira Valdés si
investigan lo que en toda la prensa del Estado y en los noticiarios de radio y
televisión, durante seis años se dijo, se escribió y se grabó de aplausos y
adulación y solamente una semana de ambigua y tibia crítica a su pésima
económica función?… La libertad no se vende: ¿la justicia, la prensa, la radio
y la televisión?… ¿Cuánto de los trescientos mil millones que fraudulentamente se pidieron
prestados les tocó? ¿Villarreal, ¡todos se los llevó!?… ¡Ja!
Los
Intelectuales –filósofos, religiosos, místicos, críticos, políticos afines y
contrarios– se dieron perfecta cuenta, desde el inicio de tal Gobierno, –pues
éstos “Gobernantes” tienden más a repetir la historia que a inventarla– de su
populista y económicamente rentable –para los Gobernantes, socios y compadres–,
rumbo, pero en lugar de públicamente oponerse o criticarlo nada dijeron o se
sumaron a la adulación, al aplauso o al sabido beneficio de mantenerse sumisos,
callados: la posibilidad o promesa efectiva de recibir –¡durante seis años!–
dinero del pueblo por callar, publicitar o adular, ¡sin facturar!, o contratos
millonarios por obras que se caen solas y sin supervisar, ¡los convenció!
¿Los
historiadores futuros del presente –como los actuales del pasado– basarán sus
“respetables” obras en las reseñas sesgadas de los Medios de Comunicación? ¡Qué
farsa!
¡Viva
la concertada Libertad de Expresión!
¡Más,
más, más!
Dios
no liberará al Pueblo de amenaza tal; los hombres de Dios, los Legisladores,
los Intelectuales, los Místicos y los caritativos hombres del dinero ¡menos!:
todos ellos seguirán haciendo, para ellos mismos, mucho más, mucho más, ¡mucho
más!
Como
que va haciendo falta, no un cambio de partido en el Gobierno –igual se
reparten–, sino una verdadera Revolución a causa del Hambre y no por la envidia
y la codiciosa del poderoso hombre:… como que va haciendo falta.
Ya
andará por ahí alguien buscando algún poderoso relegado y resentido para
financiarla, o el poderoso resentido seleccionando a un posible Mártir para
iniciarla: pero resultará como casi todas, ¡igual de falsa!
No
cabe duda, la historia emborracha con su vuelta y vuelta: perdón, emborrachan
quienes le siguen dando, a su particular beneficio y placer, rumbo y cuerda…
rumbo y cuerda… rumbo y cuerda.
…
Todo
aquel que le ofrece algo por –por él– ir a votar, está repitiendo los métodos
de Gobiernos pasados para enriquecerse más. ¡Les falta ingenio: les sobra
vergüenza!

