jueves, 10 de mayo de 2012

EL 10 NO ES UN DÍA: SON TODOS


De pequeño siempre soñé cómo de mil grandes formas quería ser;
como el mejor Ingeniero,
Soldado, Pintor, Escultor, Escritor
o el valeroso Bombero;
como el excelente Maestro,
¡el Presidente Municipal!,
o el más honesto Policía Judicial;
como el más rico del mundo,
el bueno de las películas
o el atleta campeón del mundial;
como el Amante más apasionado,
el amoroso Padre y el Esposo más amado,
como el sustento de una Gran Familia y el firme apoyo de una fiel mujer.
Muchos de esos sueños los cumplí,
otros en ellos ando: gracias a Ella
Ella siempre,
llevándome a dormir temprano respaldó y encubó mis sueños y,
despierto, mis ilusiones alentó;
pocas veces, muy pocas veces,
soñé ser el mejor hijo para darle a Ella lo que no pudo tener:
eso raras veces lo soñé.
Ignoré si lo tenía todo y la juventud en eso me ayudó,
los años nuevos, el trabajo,
la diversión y las mujeres me empujaron más allá;
luego, durante un tiempo supuse me equivoqué,
hasta que tuve hijos descubrí que,
mientras van creciendo,
agradecimiento no se les debe de exigir,
el tiempo es tan poco y tan valioso,
y al igual que Yo, lo deben de vivir.
Obligarlos pude y puedo, mas no debo,
porque ellos no son míos: simplemente son de mí.
Ya cuando comprendí que nada me pertenecía,
desde algún rincón de la memoria la gratitud me susurró
que es uno quien debe sentirse pertenecer:
¡al que fertilizó y a la que lo parió!
¡Feliz día, Madre!
Gracias por no decirme nunca ni obligarme a ser lo que tú querías,
gracias por dejarme intentar ser,
gracias por perdonar mi olvido de que hace mucho,
el haberme dado la vida,
te lo debí de agradecer.
No añoro tu recuerdo.
No ansío tu presencia.
Sería un público embustero:
¡porque no te has ido!
¡porque estás aquí dentro donde nada puede morir!
Original de Alfonso Díaz Ortega, publicado en
http://www.alfonsodiazortega.wordpress.com
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