martes, 2 de abril de 2013

LA GUERRA TRAICIONADA



LA GUERRA TRAICIONADA
Por Alfonso Díaz Ortega

70,000 muertos y 20,000 desaparecidos dejó una Guerra.
Pero no fue en ninguna de las guerras que los Estados Unidos ha iniciado, provocado, incitado, participado o asesorado por motivos económicos, de expansión territorial, de implantación de gobiernos títeres, por el codiciado petróleo, para la protección de sus “turistas” ciudadanos y/o intereses, para responder a insultos o por el encarcelamiento de marineros borrachos –en el año de 1914, Estados Unidos invadió el Puerto de Veracruz y masacró a la población civil por tal motivo–, o simplemente para crearle mercado a su multimillonaria y Gran Industria Armamentista y a los Monopolios especializados en la venta de materiales para la Reconstrucción Vial, Industrial y Habitacional. No fue en la  Primera Guerra Mundial (1914-1918) ni en la Segunda (1939-1945), no fue en la Guerra de Vietnam (1958-1975) ni en la del Guerra del Golfo (1990-1991), o en la de Irak (2003-2011).
Fue en la que todos han dado a llamar “La Guerra de Calderón”.
Una Guerra cuya única intención era frenar las actividades de la Delincuencia Organizada –y, porqué no, demostrar e imponer, de tal forma, la fuerza y el “poder” del Presidente; común en cada período Presidencial: enviar a un “pez gordo” a la cárcel y un mensaje a aquellos que le supongan debilidad en su mandato– que ya rebasaba descaradamente a los Gobiernos Municipales, Estatales y había pervertido algunas Dependencias –o Funcionarios– Federales, tras décadas de expansión y poderío logrado gracias a la inacción de las autoridades porque éstas dejaron de ser extorsionadoras de la delincuencia y se convirtieron en extorsionadas, obligadas o cómplices y empleadas de ella: el cuarto poder (prensa, radio y televisión) simplemente lo perdió vendiéndose.
Los más comunes de la Sociedad Mexicana, los Juanes Pérez Pérez exigían, –sin gritar demasiado fuerte por no tener lo suficiente ($) y por temor a represalias al ser descubiertos denunciando un delito ante una autoridad empleada del Crimen Organizado– desde mucho antes que los Juanes Rico Ricos, –a quienes su cartera les sirvió de plataforma para gritar, obviamente más fuerte ($), y ser escuchados por las Autoridades exigiendo justicia–, un alto a la extorsión, al secuestro y al asesinato de comunes “Juanes” durante las luchas entre Cárteles.
El tráfico de drogas fue –y es–, irónica y erróneamente aceptado mientras los Pérez Pérez vivan en paz y no se le incomode en sus libertades de tránsito y micronegocios y a los Rico Ricos los haga más ricos colaborando en el lavando de dinero o suministrándoles cuantiosos y valiosos bienes en efectivo y sin factura; pero la codicia de los Cárteles o la disminución de su porciento de participación en el negocio disminuyó, entonces incursionaron el la extorsión y el secuestro.
Las confrontaciones entre Cárteles rivales empezaron de lleno después del arresto de Miguel Ángel Félix Gallardo en 1989, quien controlaba el negocio de la cocaína en México. Desde 1987, informaciones de inteligencia de la CIA de Estados Unidos tenía sospechas de que el candidato presidencial por el PRI, Carlos Salinas de Gortari tenía, junto con su hermano Raúl, vínculos con narcotraficantes, en particular con el Cártel del Golfo y Juan García Abrego. En 1989, Jesús Gutiérrez Rebollo quien comandaba la zona militar 9, detuvo a Amado Carrillo Fuentes, El “Señor de los cielos”, esto le valió reconocimiento por el Gobierno Federal. Se le otorgó el grado de General y se convirtió en Director del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas. Sin embargo, en el sexenio Zedillista en 1997 fue acusado y encontrado culpable de estar vinculado con el narcotraficante a quien había detenido, “El Señor de los cielos”, condenándosele a 31 años de prisión a purgar en el Penal federal del Altiplano. En ese mismo año Irma Lizette Ibarra Naveja fue asesinada en Guadalajara debido a que fue quien esparció la información de que el General Gutiérrez Rebollo tenía dichos nexos con el narco. En el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz hubo señalamientos del gobierno Estadounidense de que México permitía el libre paso de diferentes drogas hacia Estados Unidos, no obstante firmado el tratado de la “Convención Única sobre Estupefacientes” entre los presidentes Lyndon B. Johnson y Gustavo Díaz Ordaz. El presidente Johnson reprochó al Presidente Mexicano de la situación, ante lo que Díaz Ordaz reviró la frase memorable a Estados Unidos de que «México es el trampolín de la droga hacia Estados Unidos, cierren su alberca y se acaba el trampolín». Durante el gobierno de Miguel Alemán, nació la desaparecida “Dirección Federal de Seguridad” que se encargó, entre otras cosas, en el combate al narcotráfico, comprobándose, después, que altos mandos de la dirección se involucraron en el Narco e incluso lo permitieron.
Éstas y muchas otras historias –incluyendo la de 600 Funcionarios Públicos encarcelados (en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa) por comprobarse nexos con el Narcotráfico– demuestran la falta de principios –y la debilidad por los “billetes verdes”– de los responsables de combatir al Narcotráfico y al Crimen Organizado. Pero a pesar de ello, el Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa arrojó significativos logros.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), detalla, en un documento, los logros del Ejército durante el gobierno de Felipe Calderón. Decomisaron, desde el 1 de enero de 2007 al 30 de junio de 2012, 111 toneladas de cocaína, 10,657 toneladas de marihuana, 538 aeronaves, 45 mil vehículos, destruyeron 824 laboratorios para elaborar drogas sintéticas, destrucción de 3,867 pistas de aterrizaje clandestinas, 15 mil 953 millones de pesos mexicanos, 949 millones dólares americanos, se detuvieron 188,244 personas relacionadas con el Narcotráfico y Crimen Organizado. La secretaría de Seguridad Pública (SSP) reportó, hasta Junio del 2011, la incautación de 56 mil kilogramos de semilla de mariguana, 11 mil kilogramos de semilla de amapola, 22 mil kilogramos de metanfetaminas, 22 mil kilogramos de éxtasis, 62 mil kilogramos de pastillas sicotrópicas. En el sexto Informe de Gobierno, Felipe Calderón informó, además, la incautación de 154 mil armas de todo tipo, 18 mil granadas y explosivos y 16 millones de municiones.
La “Guerra de Calderón” fue una guerra en desventaja; él contra medio Mundo; contra los Legisladores contrarios a su Partido que en lugar de apoyarle le cuestionaban desacreditando sus acciones, contra los medios de comunicación que le exigían revelara las estrategias para publicarlas y valorarlas –cual expertos, ¡estúpidos!–, contra la opinión pública temerosa de su propia vida por tanta matazón. Pero su Gran Contrario fue el principal “Socio Comercial” de México, los Estados Unidos de Norteamérica, quien, por un lado, oficialmente le apoyó con la Iniciativa Mérida. –tratado internacional de seguridad establecido por los Estados Unidos en acuerdo con México y los países de Centroamérica para combatir el Narcotráfico y el Crimen Organizado y luchar contra ellos. El acuerdo fue aceptado por el Congreso de los Estados Unidos y activado por el presidente George Bush el 30 de junio del 2008.
El Congreso de los Estados Unidos aprobó un paquete de asistencia para México por un valor de $400 millones de dólares en equipo y entrenamiento; este paquete fue entregado a México con bastante retraso porque algunos Congresistas Estadounidense debatían sobre el derecho de fiscalizar el buen uso de los equipos y recursos, mientras, sabiendo que el Estado Mexicano, con apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), atacaría frontalmente al Narcotráfico y al Crimen Organizado que suministra la Droga necesaria para mantener el vicio de nada menos que 35 millones de Estadounidenses, para asegurar tal suministro, armaron “secretamente” a las Bandas Delictivas Mexicanas mediante el famoso Plan Rápido y Furioso para que se defendieran y protegieran los cargamentos de droga necesaria para sus adictos.
A esto, Señores, aquí y en China, se le llama Tráfico ilegal de Armas, nada más y nada menos que de 154 mil armas, 18 mil granadas y explosivos y 16 millones de municiones incautadas, sume las que aun están aun en poder de la Delincuencia Organizada. Tráfico de armas hacia una Nación llamada hipócritamente “amiga y socia” para armar a bandas de criminales para que se defiendan –y protejan los cargamentos de droga que ellos requieren y que ciertamente les pertenece– y enfrenten al la Fuerza Armada que defiende la Soberanía del País y la seguridad de sus Ciudadanos. Si fuera posible intercambiar los papeles, los padecimientos de Irak y Afganistán serían un simple resfriado común comparado con el cáncer que los Estados Unidos nos ocasionaría: como TERRORISTAS números uno seríamos considerados.
Según datos del 2009, un kilogramo de mariguana en México costaba 80 dólares, en territorio estadounidense se cotizaba 1,920 dólares. Un kilogramo de cocaína en Colombia, Perú o Bolivia costaba 2,340 dólares, en una ciudad fronteriza mexicana se cotizaba en 12,500 dólares y en suelo estadounidense alcanzaba 26,500 dólares, repartido en gramos alcanzaba 180,000 dólares. El kilogramo de heroína en México alcanzaba los 35,000 dólares, en territorio estadounidense se cotizaba en 71,000 dólares y vendido al menudeo llegaba a los 131,000 dólares. En éste negocio tan evidentemente lucrativo ¿habrá alguien que suponga, a la “soñadora codicia norteamericana”, al margen de tal actividad? ¡Imposible!
El gobierno estadounidense calcula que los narcotraficantes mexicanos lucran unos VEINTITRÉS MIL MILLONES DE DÓLARES AL AÑO –según los últimos reportes de septiembre del 2012 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es de TREINTA MIL MIOLLONES DE DÓLARES–, y es posible, pero, así como los cantantes llegan a ser multimillonarios recibiendo solo el diez porciento de sus ventas, “el Patrón” se queda con el NOVENTA PORCIENTO: menos otros gastos, claro. Y “el Patrón” es quien paga y manda. Si las transacciones del Narcotráfico se pagaran en Pesos Mexicanos sospecharía que es un Mexicano “EL Jefe”, pero no, se paga en dólares: ¿Será necesario aplicar algo de materia gris para reconocer la ciudadanía del Patrón?
Tras la detención de un “Gran Capo mexicano”, inmediatamente surge el auxilio de sus socios norteamericanos, le salvan con la extradición antes de que “cante” quienes son sus contactos del “otro lado”, tal es el beneficio de se un “Jefe Narco”.
De los 70,000 muertos y 20,000 desaparecidos, el 97 % estaba relacionado con el negocio del Narcotráfico, el resto, fueron civiles ajenos; civiles asesinados con las armas que el Gobierno Estadounidense ilegalmente entregó a la Delincuencia Organizada. Dudo que el Presidente Peña Nieto haga lo que la justicia manda, denunciar en Cortes Internacionales al Gobierno de los Estados Unidos por su responsabilidad en la muerte de inocente y Narcotraficantes con sus armas introducidas ilegalmente a México; denunciarlos por su públicamente hipócrita colaboración.
Calderón perdió la guerra porque su principal socio lo traicionó, porque éste no permitiría nunca algún daño a su lucrativo negocio para mantener idiotizada a la sociedad norteamericana evitándole así que cuestione las acciones del Gobierno.
Drogas, Pan y Circo: Roma revivió.
Calderón y su esfuerzo no: queda su valiente intento, valiente.