LA GUERRA
TRAICIONADA
Por Alfonso Díaz Ortega
70,000 muertos y
20,000 desaparecidos dejó una Guerra.
Pero
no fue en ninguna de las guerras que los Estados Unidos ha iniciado, provocado,
incitado, participado o asesorado por motivos económicos, de expansión
territorial, de implantación de gobiernos títeres, por el codiciado petróleo,
para la protección de sus “turistas” ciudadanos y/o intereses, para responder a
insultos o por el encarcelamiento de marineros borrachos –en el año de 1914,
Estados Unidos invadió el Puerto de Veracruz y masacró a la población civil por
tal motivo–, o simplemente para crearle mercado a su multimillonaria y Gran
Industria Armamentista y a los Monopolios especializados en la venta de
materiales para la
Reconstrucción Vial, Industrial y Habitacional. No fue en la Primera
Guerra Mundial (1914-1918) ni en la Segunda (1939-1945), no
fue en la Guerra
de Vietnam (1958-1975) ni en la del Guerra del Golfo (1990-1991), o en la de
Irak (2003-2011).
Fue
en la que todos han dado a llamar “La
Guerra de Calderón”.
Una
Guerra cuya única intención era frenar las actividades de la Delincuencia Organizada
–y, porqué no, demostrar e imponer, de tal forma, la fuerza y el “poder” del
Presidente; común en cada período Presidencial: enviar a un “pez gordo” a la
cárcel y un mensaje a aquellos que le supongan debilidad en su mandato– que ya
rebasaba descaradamente a los Gobiernos Municipales, Estatales y había
pervertido algunas Dependencias –o Funcionarios– Federales, tras décadas de
expansión y poderío logrado gracias a la inacción de las autoridades porque
éstas dejaron de ser extorsionadoras de la delincuencia y se convirtieron en
extorsionadas, obligadas o cómplices y empleadas de ella: el cuarto poder
(prensa, radio y televisión) simplemente lo perdió vendiéndose.
Los
más comunes de la
Sociedad Mexicana, los Juanes Pérez Pérez exigían, –sin
gritar demasiado fuerte por no tener lo suficiente ($) y por temor a
represalias al ser descubiertos denunciando un delito ante una autoridad
empleada del Crimen Organizado– desde mucho antes que los Juanes Rico Ricos, –a
quienes su cartera les sirvió de plataforma para gritar, obviamente más fuerte
($), y ser escuchados por las Autoridades exigiendo justicia–, un alto a la
extorsión, al secuestro y al asesinato de comunes “Juanes” durante las luchas
entre Cárteles.
El
tráfico de drogas fue –y es–, irónica y erróneamente aceptado mientras los
Pérez Pérez vivan en paz y no se le incomode en sus libertades de tránsito y
micronegocios y a los Rico Ricos los haga más ricos colaborando en el lavando de
dinero o suministrándoles cuantiosos y valiosos bienes en efectivo y sin
factura; pero la codicia de los Cárteles o la disminución de su porciento de participación
en el negocio disminuyó, entonces incursionaron el la extorsión y el secuestro.
Las
confrontaciones entre Cárteles rivales empezaron de lleno después del arresto
de Miguel Ángel Félix Gallardo en 1989, quien controlaba el negocio de la
cocaína en México. Desde 1987, informaciones de inteligencia de la CIA de Estados Unidos tenía
sospechas de que el candidato presidencial por el PRI, Carlos Salinas de
Gortari tenía, junto con su hermano Raúl, vínculos con narcotraficantes, en
particular con el Cártel del Golfo y Juan García Abrego. En 1989, Jesús Gutiérrez
Rebollo quien comandaba la zona militar 9, detuvo a Amado Carrillo Fuentes, El “Señor
de los cielos”, esto le valió reconocimiento por el Gobierno Federal. Se le otorgó
el grado de General y se convirtió en Director del Instituto Nacional para el
Combate a las Drogas. Sin embargo, en el sexenio Zedillista en 1997 fue acusado
y encontrado culpable de estar vinculado con el narcotraficante a quien había
detenido, “El Señor de los cielos”, condenándosele a 31 años de prisión a
purgar en el Penal federal del Altiplano. En ese mismo año Irma Lizette Ibarra
Naveja fue asesinada en Guadalajara debido a que fue quien esparció la
información de que el General Gutiérrez Rebollo tenía dichos nexos con el
narco. En el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz hubo señalamientos del gobierno Estadounidense
de que México permitía el libre paso de diferentes drogas hacia Estados Unidos,
no obstante firmado el tratado de la “Convención Única sobre Estupefacientes”
entre los presidentes Lyndon B. Johnson y Gustavo Díaz Ordaz. El presidente
Johnson reprochó al Presidente Mexicano de la situación, ante lo que Díaz Ordaz
reviró la frase memorable a Estados Unidos de que «México es el trampolín de la
droga hacia Estados Unidos, cierren su alberca y se acaba el trampolín». Durante
el gobierno de Miguel Alemán, nació la desaparecida “Dirección Federal de
Seguridad” que se encargó, entre otras cosas, en el combate al narcotráfico,
comprobándose, después, que altos mandos de la dirección se involucraron en el Narco
e incluso lo permitieron.
Éstas
y muchas otras historias –incluyendo la de 600 Funcionarios Públicos
encarcelados (en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa) por comprobarse nexos
con el Narcotráfico– demuestran la falta de principios –y la debilidad por los
“billetes verdes”– de los responsables de combatir al Narcotráfico y al Crimen
Organizado. Pero a pesar de ello, el Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa arrojó
significativos logros.
La Secretaría de la Defensa Nacional
(Sedena), detalla, en un documento, los logros del Ejército durante el gobierno
de Felipe Calderón. Decomisaron, desde el 1 de enero de 2007 al 30 de junio de
2012, 111 toneladas de cocaína, 10,657 toneladas de marihuana, 538 aeronaves, 45
mil vehículos, destruyeron 824 laboratorios para elaborar drogas sintéticas, destrucción
de 3,867 pistas de aterrizaje clandestinas, 15 mil 953 millones de pesos
mexicanos, 949 millones dólares americanos, se detuvieron 188,244 personas
relacionadas con el Narcotráfico y Crimen Organizado. La secretaría de
Seguridad Pública (SSP) reportó, hasta Junio del 2011, la incautación de 56 mil
kilogramos de semilla de mariguana, 11 mil kilogramos de semilla de amapola, 22
mil kilogramos de metanfetaminas, 22 mil kilogramos de éxtasis, 62 mil
kilogramos de pastillas sicotrópicas. En el sexto Informe de Gobierno, Felipe
Calderón informó, además, la incautación de 154 mil armas de todo tipo, 18 mil
granadas y explosivos y 16 millones de municiones.
La
“Guerra de Calderón” fue una guerra en desventaja; él contra medio Mundo;
contra los Legisladores contrarios a su Partido que en lugar de apoyarle le
cuestionaban desacreditando sus acciones, contra los medios de comunicación que
le exigían revelara las estrategias para publicarlas y valorarlas –cual
expertos, ¡estúpidos!–, contra la opinión pública temerosa de su propia vida
por tanta matazón. Pero su Gran Contrario fue el principal “Socio Comercial” de
México, los Estados Unidos de Norteamérica, quien, por un lado, oficialmente le
apoyó con la Iniciativa Mérida.
–tratado internacional de seguridad establecido por los Estados Unidos en
acuerdo con México y los países de Centroamérica para combatir el Narcotráfico
y el Crimen Organizado y luchar contra ellos. El acuerdo fue aceptado por el
Congreso de los Estados Unidos y activado por el presidente George Bush el 30
de junio del 2008.
El
Congreso de los Estados Unidos aprobó un paquete de asistencia para México por
un valor de $400 millones de dólares en equipo y entrenamiento; este paquete
fue entregado a México con bastante retraso porque algunos Congresistas Estadounidense
debatían sobre el derecho de fiscalizar el buen uso de los equipos y recursos,
mientras, sabiendo que el Estado Mexicano, con apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena),
atacaría frontalmente al Narcotráfico y al Crimen Organizado que suministra la Droga necesaria para
mantener el vicio de nada menos que 35 millones de Estadounidenses, para
asegurar tal suministro, armaron “secretamente” a las Bandas Delictivas Mexicanas
mediante el famoso Plan Rápido y Furioso para que se defendieran y protegieran
los cargamentos de droga necesaria para sus adictos.
A
esto, Señores, aquí y en China, se le llama Tráfico ilegal de Armas, nada más y
nada menos que de 154 mil armas, 18 mil granadas y explosivos y 16 millones de
municiones incautadas, sume las que aun están aun en poder de la Delincuencia
Organizada. Tráfico de armas hacia una Nación llamada
hipócritamente “amiga y socia” para armar a bandas de criminales para que se
defiendan –y protejan los cargamentos de droga que ellos requieren y que ciertamente
les pertenece– y enfrenten al la Fuerza
Armada que defiende la Soberanía del País y la seguridad de sus Ciudadanos.
Si fuera posible intercambiar los papeles, los padecimientos de Irak y
Afganistán serían un simple resfriado común comparado con el cáncer que los
Estados Unidos nos ocasionaría: como TERRORISTAS números uno seríamos
considerados.
Según
datos del 2009, un kilogramo de mariguana en México costaba 80 dólares, en
territorio estadounidense se cotizaba 1,920 dólares. Un kilogramo de cocaína en
Colombia, Perú o Bolivia costaba 2,340 dólares, en una ciudad fronteriza
mexicana se cotizaba en 12,500 dólares y en suelo estadounidense alcanzaba 26,500
dólares, repartido en gramos alcanzaba 180,000 dólares. El kilogramo de heroína
en México alcanzaba los 35,000 dólares, en territorio estadounidense se
cotizaba en 71,000 dólares y vendido al menudeo llegaba a los 131,000 dólares. En
éste negocio tan evidentemente lucrativo ¿habrá alguien que suponga, a la
“soñadora codicia norteamericana”, al margen de tal actividad? ¡Imposible!
El
gobierno estadounidense calcula que los narcotraficantes mexicanos lucran unos
VEINTITRÉS MIL MILLONES DE DÓLARES AL AÑO –según los últimos reportes de
septiembre del 2012 de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) es de TREINTA MIL
MIOLLONES DE DÓLARES–, y es posible, pero, así como los cantantes llegan a ser
multimillonarios recibiendo solo el diez porciento de sus ventas, “el Patrón”
se queda con el NOVENTA PORCIENTO: menos otros gastos, claro. Y “el Patrón” es
quien paga y manda. Si las transacciones del Narcotráfico se pagaran en Pesos
Mexicanos sospecharía que es un Mexicano “EL Jefe”, pero no, se paga en
dólares: ¿Será necesario aplicar algo de materia gris para reconocer la
ciudadanía del Patrón?
Tras
la detención de un “Gran Capo mexicano”, inmediatamente surge el auxilio de sus
socios norteamericanos, le salvan con la extradición antes de que “cante”
quienes son sus contactos del “otro lado”, tal es el beneficio de se un “Jefe
Narco”.
De
los 70,000 muertos y 20,000 desaparecidos, el 97 % estaba relacionado con el negocio
del Narcotráfico, el resto, fueron civiles ajenos; civiles asesinados con las
armas que el Gobierno Estadounidense ilegalmente entregó a la Delincuencia
Organizada. Dudo que el Presidente Peña Nieto haga lo que la
justicia manda, denunciar en Cortes Internacionales al Gobierno de los Estados
Unidos por su responsabilidad en la muerte de inocente y Narcotraficantes con
sus armas introducidas ilegalmente a México; denunciarlos por su públicamente hipócrita
colaboración.
Calderón
perdió la guerra porque su principal socio lo traicionó, porque éste no
permitiría nunca algún daño a su lucrativo negocio para mantener idiotizada a
la sociedad norteamericana evitándole así que cuestione las acciones del
Gobierno.
Drogas, Pan y
Circo: Roma revivió.
Calderón y su
esfuerzo no: queda su valiente intento, valiente.