LAS SANDALIAS SIN PESCADOR
Por
Alfonso Díaz Ortega
La
voluntad del Padre se cumple: ¡sin más!; porque es un destino y no una opción:
lo evidencia la creencia, lo confirma la
Fe en la Divina
Omnipotencia y lo recalcan –tibiamente por solo intuirla,
suponerla o deducirla– en las misas los
Ministros de la Fe.
¡Imposible evadirla!, imposible sea ajustada a las circunstancias del hombre,
imposible sujetarla al albedrío que al hombre Dios le dio: (aunque, supuestamente,
para eso se lo otorgó: extraño y discutible obsequio que sentencia con el fuego
eterno cualquier adoración que no sea hacia Él).
La
voluntad del Padre no se arriesga a no cumplirse ni a estar condicionada a las libertades
que al hombre, al expulsarlo del paraíso, le otorgó: ¡jamás queda inconclusa!;
y de suponerlo posible esgrimiendo cualquier justificación para plenamente no
cumplir la “supuesta, creída, intuida o deducida” voluntad Divina, será porque,
la “inspiración” que en un principio animó a escucharla y a obedecerla, era
alentada por el deseo obsesivo del hombre que en un momento se creyó inspirado
por Dios y no por su exagerada y autosugestiva pasión.
Dios
no se retracta, no se corrige ni yerra en sus designios. –Y dudo quepa
desacuerdo alguno con ésta afirmación: no lo creo, ¡lo aseguro sin espacio para
el error!–. El hombre, casi siempre en su interpretación que los supone
revelados generalmente en el marco de una fanática oración deseosa de Divina
Iluminación, o los descubre entre los místicos, ambiguos, contradictorios e
intrínsicos textos –original y supuestamente genuinos, sagrados y “adecuados,
tiempo a tiempo, a la época”, ene veces traducidos y re-interpretados por
venerable Padres, escritores Eclesiásticos, Pastores de la Iglesia o Maestros del
Espíritu– ¡sí!
¿Fue
Jesucristo a ofrecerse en sacrificio para el perdón de los pecados del hombre voluntariamente,
en uso pleno de su albedrío, o ejecutó al pie la profecía, la letra y la orden,
obedeciendo, sin más opción y sin error –incluyendo el “raro e inseguro
reclamo” de: ¿Dios mío, Dios mío, porqué
me has abandonado? […] Mt 27:46– la dictada por su Padre Dios? Si eligió voluntaria
y concientemente su martirio y sacrificio: venerable acción digna de respeto, y
admiración: quizás de culto, de adoración. Si no lo fue, el mérito de la tragedia
pertenece totalmente a Dios.
¿Fueron
Los Apóstoles fieles ejecutantes de la voluntad Divina –desconociéndola– que
incluía la traición de Judas –Al que bebe
de mi vaso […] Mt 26:48–, el abandono de su Salvador antes de su detención
y crucifixión –Entonces todos los
discípulos lo abandonaron y huyeron […] Mt 26:56– y las tres negaciones de
Pedro –Esta noche, antes de que el gallo
cante, me repudiarás tres veces […] Mt 26:34– a quien finalmente distinguió
como fundamento de su Iglesia?
¿Fueron la traición, el abuso y las violaciones a infantes inocentes, a
los “sagrados” fundamentos del Celibato Sacerdotal –prometido a los venerables padres del Concilio (nótese,
a Dios no) y que la Iglesia custodia como “perla preciosa” (?) [….]
Ref: Dado en Roma, en
San Pedro, el 24 del mes de junio del año 1967, quinto de nuestro pontificado.
PAULUS PP. VI–, a las leyes de los hombres, a la moral y a
la humanidad, por parte de los cientos de miles de Marciales Macieles y sus
“santos purpurados y pontífices encubridores”, durante más de dos mil años de imposición,
dominio y predominio de la “Santa Iglesia”, actos ejecutados por el libre
albedrío de “esos hombres de Dios”, o fueron ejecutados obedeciendo la voluntad
Divina, la cual es imposible desobedecer?: Porque
yo soy el que produjo tus deseos […] Flp 2:13.
¿Fueron los Fray Sutanos y Fray Manganos, –canonizados muchos,
santificados otros– durante la “evangelizadora” Conquista del Nuevo Mundo, –y del
“viejo” tercero también–, responsables concientes de los métodos utilizados
para la conversión al cristianismo de los pueblos indígenas calificados todos
de paganos, y que incluían –¡invariablemente!–, para convencerlos, el uso del látigo,
la espada, la esclavitud, el ostracismo y la excomunión: ¡y en latín!; u
obedecían, como “santos hombres” conquistadores y propaladores de la nueva Fe,
la voluntad Omnipotente y el destino preescrito, desde los inicios del mundo –para
los pueblos paganos ignorantes de la existencia de tal Dios con su nueva religión–,
del Señor, ?: Ni un pájaro caerá del
cielo sin la voluntad de vuestro padre […] Mt 10:29.
¿Fueron los “santos papas” Borgia´s y sus similares –anteriores y
posteriores– responsables concientes de lo pervertido de sus “santos papados” –de
quienes la “Santa Iglesia” ya no se enorgullece tanto, como en su momento los aplaudió
y lo estuvo: ahora, tardíamente los olvida, o se disculpa–, o más que “algo de
ingerencia en tales reinados” tuvo que ver el Señor, a pesar de haber sido el
Espíritu Santo quien inspiró a los purpurados a elegirlos como los
representantes de Dios?
¿Fue la intercontinental y “Santa Iglesia” responsable conciente del
saqueo de los tesoros arqueológicos, culturales y religiosos; de la mutilación de
las ancestrales culturas, costumbres y creencias de los pueblos indígenas, invadidos
y conquistados, imponiéndoles otra nueva y desconocida religión, o fue Dios
quien se lo mandó?: Id y predicar a todo
el mundo […] Hch 10:42. ¿Alguna duda?
¿Fueron los “Santos hombres del Señor” –o la “Santa y trasatlántica
Iglesia”– inocentes de retrasar por centurias la total independencia de los sojuzgados
y explotados pueblos de América porque les disminuía grandemente sus posesiones
territoriales y el poder político, u obedecían el plan de conquista de almas “paganas”
ordenado por el Señor?: Id y predicar…
¿Fueron los “iluminados Señores de la Iglesia” culpables de
enviar al ostracismo, a la hoguera y a la excomunión a los miles de Sabios Galileos
–acusados de herejía, brujería o de estar poseídos por el mismísimo demonio y confesos:
con los sutiles y sanguinarios métodos de la “santa inquisición”– que contradijeron,
con sus descubrimientos científicos, las verdades ocultas o ignoradas sostenidas
por la conveniencia de mantener a “su grey” sumido en la ignorancia y por el temor
a perder el poder al propalarse verdades que derrumbaban los mitos milenarios
impuestos y considerados como ciertos, o actuaban obedeciendo la ciencia
interpretada por “inspiración e Iluminación Divina” del “libro santo del Señor?
¿Fueron los “Santos Profetas” realmente dotados de la virtud para
interpretar las intenciones futuras de Dios –ciertas: seguramente– y
pronosticar fines violentos para los Jerarcas de su religión –y de su religión–
en “supuestas” visiones Divinas o fue la razón deductiva –de aquellos “Santos”–
y la obviedad de que la mentira dura hasta que la verdad asome o hasta cuando
unos valientes, descubridores de la falsedad se atrevan y hablen, y por tal
motivo fueron considerados, con premeditado desacredito para perdurar “ellos”
en el “Poder y el Trono”, como herejes y Anticristos?
Dios no yerra, no se corrige ni se retracta nunca. Su cualidad de
Creador, de Omnipotente y de Omnipresente le exentan de cualquier semejanza con
el ser humano: por más semejantes que lo haya creado. Él no requiere de sufrir
por un dolor al parir, ni luchar por un pataleo al momento de nacer, por un trozo
de pan, por la salud del hijo que está a punto de morir, por el amor de una
mujer, por el poder que otorga el tener más, por la vanagloria de sentirse
superior; por las necesidades y poderes más efímeros de la tierra por lo cual
el hombre pierde toda virtud, ¡no!, Él sabe perfectamente bien quién de sus
creaturas –y cómo– lo logrará y el fin que le dará a lo logrado. Dios no puede lamentarse
por un bebé fallecido, por el dolor de la Madre, por un alma perdida o rescatada, puesto
que tal destino le marcó desde el inicio, a pesar del albedrío (?) que le
otorgo: …y todos mis pasos te son
conocidos. Sal 139:3 –¡Imposible no los sean!
Puesto que es inconcebible siquiera suponerle falibilidad a Dios, –y
quien lo piense será, para los “santos hombres” de la Santa Iglesia, un blasfemo, ¡un
ateo, un hereje, un anticristo!–, ¿cómo es posible conciliar los innumerables
vicios, faltas, abusos y errores del éstos que se dicen inspirados por El
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? ¿Quizás no sea la Santa Trinidad
quien los designó, dirigió e inspira? ¿La inclusión en el Sagrado Libro de: Tus ojos ya veían mis
acciones, todas ellas estaban en tu Libro; mis días estaban escritos y
señalados, antes que uno solo de ellos existiera. […] Sal 139:16, es
para justificar los errores de los Hombres de Dios, ¡responsabilizándolo!? Si
tal lo es, evidenciaría un maquiavélico y perverso plan del cual todo creyente
daría su alma por inculpar a los hombres y exculpar a Dios: me atrevo a
suponer.
Las
columnas de humo negro –en frecuentes e históricas votaciones– significa que
algunos Purpurados interpretaron o escucharon de distinta forma y mal –después
de prolongados desvelos e innumerables e interminables oraciones solicitándole
al Señor Santa Iluminación para no errar en la elección– la voluntad certera
del Espíritu Santo. El Santo Espíritu no se corrige diez veces, no se retracta
ni se equivoca ¡nunca!, aunque sobran citas Bíblicas que se contrapongan: hasta
el corazón impuro culpa al hombre y sus maniobras y no a Dios: Si alguien pretende agregarles algo… Y al
que se atreva a quitar alguna palabra de este Libro… […] Apo 22:18-19–. Pero
siempre, por el arte de algún “más conciliatorio que milagroso consenso”, o una
“reinterpretación mayoritariamente común” de la Divina Voz, al final de la
elección, un ungido nuevo acata la orden Santa; mas ¡¿escucharían, todos, la
correcta y misma voz que tantas veces mal –según votaciones erróneas– al oído
les susurró?! ¿¡Cómo asegurarlo!? ¡¿Con la certeza de la primera errónea votación?!…
Hmmm…
Y
si, después de los fallidos intentos resulta ser la última votación una decisión
coincidente con la voluntad Divina, ¿se arriesgaría Dios a –después de elegir,
dese el inicio de los tiempos, a su representante terrenal– designar a uno que
en un futuro próximo –conocido invariablemente por Dios– le vaya, esgrimiendo
cualquier válida circunstancia terrenal, a renunciar? La fatiga, la salud
física y la mental son tres: Jesús les respondió: Les aseguro que si tienen fe y no dudan, no sólo
harán lo que yo acabo de hacer con la higuera, sino que podrán decir a esta
montaña: “Retírate de ahí y arrójate al mar”, y así lo hará… […] Mat 21:21. ¿Bastará la oración de
dos mil millones de fieles para que el Papa recupere la salud?: Todo lo que pidan en la
oración con fe, lo alcanzarán. […] Mat 21:21-22.
Si
algo erróneo, ambiguo, contradictorio o falso se encuentra en el Santo Libro
del Señor, –“algo” como lo expuesto aquí–, aborrezco suponerle al escribiente,
al traductor y al propalador “santo” un mínimo de perversidad por tal
manipulación, a Dios lo excuso –sin requerirlo–. ¿Usted?
Jesucristo
reclamó, mas no abandonó su cruz.
Quizás
pronto, sin demasiados consensos –posteriores ni previos– havemus Papa.
La
voluntad de Dios, nadie la podrá demostrar ni saber: ¡nadie!
…
«Que
Dios los perdone por lo que hicieron». Palabras de Jorge Mario Bergolio
dirigidas –durante una cena de celebración– a los Cardenales electores que
recién lo habían nombrado Papa. ¿Acaso supone algún error en su elección y no
haber sido el Espíritu Santo quien a los Cardenales “inspiró”: incluyéndolo?