martes, 26 de marzo de 2013



LAS SANDALIAS SIN PESCADOR
Por Alfonso Díaz Ortega

La voluntad del Padre se cumple: ¡sin más!; porque es un destino y no una opción: lo evidencia la creencia, lo confirma la Fe en la Divina Omnipotencia y lo recalcan –tibiamente por solo intuirla, suponerla o deducirla– en las misas  los Ministros de la Fe. ¡Imposible evadirla!, imposible sea ajustada a las circunstancias del hombre, imposible sujetarla al albedrío que al hombre Dios le dio: (aunque, supuestamente, para eso se lo otorgó: extraño y discutible obsequio que sentencia con el fuego eterno cualquier adoración que no sea hacia Él).
La voluntad del Padre no se arriesga a no cumplirse ni a estar condicionada a las libertades que al hombre, al expulsarlo del paraíso, le otorgó: ¡jamás queda inconclusa!; y de suponerlo posible esgrimiendo cualquier justificación para plenamente no cumplir la “supuesta, creída, intuida o deducida” voluntad Divina, será porque, la “inspiración” que en un principio animó a escucharla y a obedecerla, era alentada por el deseo obsesivo del hombre que en un momento se creyó inspirado por Dios y no por su exagerada y autosugestiva pasión.
Dios no se retracta, no se corrige ni yerra en sus designios. –Y dudo quepa desacuerdo alguno con ésta afirmación: no lo creo, ¡lo aseguro sin espacio para el error!–. El hombre, casi siempre en su interpretación que los supone revelados generalmente en el marco de una fanática oración deseosa de Divina Iluminación, o los descubre entre los místicos, ambiguos, contradictorios e intrínsicos textos –original y supuestamente genuinos, sagrados y “adecuados, tiempo a tiempo, a la época”, ene veces traducidos y re-interpretados por venerable Padres, escritores Eclesiásticos, Pastores de la Iglesia o Maestros del Espíritu– ¡sí!
¿Fue Jesucristo a ofrecerse en sacrificio para el perdón de los pecados del hombre voluntariamente, en uso pleno de su albedrío, o ejecutó al pie la profecía, la letra y la orden, obedeciendo, sin más opción y sin error –incluyendo el “raro e inseguro reclamo” de: ¿Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado? […] Mt 27:46– la dictada por su Padre Dios? Si eligió voluntaria y concientemente su martirio y sacrificio: venerable acción digna de respeto, y admiración: quizás de culto, de adoración. Si no lo fue, el mérito de la tragedia pertenece totalmente a Dios.
¿Fueron Los Apóstoles fieles ejecutantes de la voluntad Divina –desconociéndola– que incluía la traición de Judas –Al que bebe de mi vaso […] Mt 26:48–, el abandono de su Salvador antes de su detención y crucifixión –Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron […] Mt 26:56– y las tres negaciones de Pedro –Esta noche, antes de que el gallo cante, me repudiarás tres veces […] Mt 26:34– a quien finalmente distinguió como fundamento de su Iglesia?
¿Fueron la traición, el abuso y las violaciones a infantes inocentes, a los “sagrados” fundamentos del Celibato Sacerdotal –prometido a los venerables padres del Concilio (nótese, a Dios no) y que la Iglesia custodia como “perla preciosa” (?) [….] Ref: Dado en Roma, en San Pedro, el 24 del mes de junio del año 1967, quinto de nuestro pontificado. PAULUS PP. VI–, a las leyes de los hombres, a la moral y a la humanidad, por parte de los cientos de miles de Marciales Macieles y sus “santos purpurados y pontífices encubridores”, durante más de dos mil años de imposición, dominio y predominio de la “Santa Iglesia”, actos ejecutados por el libre albedrío de “esos hombres de Dios”, o fueron ejecutados obedeciendo la voluntad Divina, la cual es imposible desobedecer?: Porque yo soy el que produjo tus deseos […] Flp 2:13.
¿Fueron los Fray Sutanos y Fray Manganos, –canonizados muchos, santificados otros– durante la “evangelizadora” Conquista del Nuevo Mundo, –y del “viejo” tercero también–, responsables concientes de los métodos utilizados para la conversión al cristianismo de los pueblos indígenas calificados todos de paganos, y que incluían –¡invariablemente!–, para convencerlos, el uso del látigo, la espada, la esclavitud, el ostracismo y la excomunión: ¡y en latín!; u obedecían, como “santos hombres” conquistadores y propaladores de la nueva Fe, la voluntad Omnipotente y el destino preescrito, desde los inicios del mundo –para los pueblos paganos ignorantes de la existencia de tal Dios con su nueva religión–, del Señor, ?: Ni un pájaro caerá del cielo sin la voluntad de vuestro padre […] Mt 10:29.
¿Fueron los “santos papas” Borgia´s y sus similares –anteriores y posteriores– responsables concientes de lo pervertido de sus “santos papados” –de quienes la “Santa Iglesia” ya no se enorgullece tanto, como en su momento los aplaudió y lo estuvo: ahora, tardíamente los olvida, o se disculpa–, o más que “algo de ingerencia en tales reinados” tuvo que ver el Señor, a pesar de haber sido el Espíritu Santo quien inspiró a los purpurados a elegirlos como los representantes de Dios?
¿Fue la intercontinental y “Santa Iglesia” responsable conciente del saqueo de los tesoros arqueológicos, culturales y religiosos; de la mutilación de las ancestrales culturas, costumbres y creencias de los pueblos indígenas, invadidos y conquistados, imponiéndoles otra nueva y desconocida religión, o fue Dios quien se lo mandó?: Id y predicar a todo el mundo […] Hch 10:42. ¿Alguna duda?
¿Fueron los “Santos hombres del Señor” –o la “Santa y trasatlántica Iglesia”– inocentes de retrasar por centurias la total independencia de los sojuzgados y explotados pueblos de América porque les disminuía grandemente sus posesiones territoriales y el poder político, u obedecían el plan de conquista de almas “paganas” ordenado por el Señor?: Id y predicar
¿Fueron los “iluminados Señores de la Iglesia” culpables de enviar al ostracismo, a la hoguera y a la excomunión a los miles de Sabios Galileos –acusados de herejía, brujería o de estar poseídos por el mismísimo demonio y confesos: con los sutiles y sanguinarios métodos de la “santa inquisición”– que contradijeron, con sus descubrimientos científicos, las verdades ocultas o ignoradas sostenidas por la conveniencia de mantener a “su grey” sumido en la ignorancia y por el temor a perder el poder al propalarse verdades que derrumbaban los mitos milenarios impuestos y considerados como ciertos, o actuaban obedeciendo la ciencia interpretada por “inspiración e Iluminación Divina” del “libro santo del Señor?
¿Fueron los “Santos Profetas” realmente dotados de la virtud para interpretar las intenciones futuras de Dios –ciertas: seguramente– y pronosticar fines violentos para los Jerarcas de su religión –y de su religión– en “supuestas” visiones Divinas o fue la razón deductiva –de aquellos “Santos”– y la obviedad de que la mentira dura hasta que la verdad asome o hasta cuando unos valientes, descubridores de la falsedad se atrevan y hablen, y por tal motivo fueron considerados, con premeditado desacredito para perdurar “ellos” en el “Poder y el Trono”, como herejes y Anticristos?
Dios no yerra, no se corrige ni se retracta nunca. Su cualidad de Creador, de Omnipotente y de Omnipresente le exentan de cualquier semejanza con el ser humano: por más semejantes que lo haya creado. Él no requiere de sufrir por un dolor al parir, ni luchar por un pataleo al momento de nacer, por un trozo de pan, por la salud del hijo que está a punto de morir, por el amor de una mujer, por el poder que otorga el tener más, por la vanagloria de sentirse superior; por las necesidades y poderes más efímeros de la tierra por lo cual el hombre pierde toda virtud, ¡no!, Él sabe perfectamente bien quién de sus creaturas –y cómo– lo logrará y el fin que le dará a lo logrado. Dios no puede lamentarse por un bebé fallecido, por el dolor de la Madre, por un alma perdida o rescatada, puesto que tal destino le marcó desde el inicio, a pesar del albedrío (?) que le otorgo: …y todos mis pasos te son conocidos. Sal 139:3 –¡Imposible no los sean!
Puesto que es inconcebible siquiera suponerle falibilidad a Dios, –y quien lo piense será, para los “santos hombres” de la Santa Iglesia, un blasfemo, ¡un ateo, un hereje, un anticristo!–, ¿cómo es posible conciliar los innumerables vicios, faltas, abusos y errores del éstos que se dicen inspirados por El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? ¿Quizás no sea la Santa Trinidad quien los designó, dirigió e inspira? ¿La inclusión en el Sagrado Libro de: Tus ojos ya veían mis acciones, todas ellas estaban en tu Libro; mis días estaban escritos y señalados, antes que uno solo de ellos existiera. […] Sal 139:16, es para justificar los errores de los Hombres de Dios, ¡responsabilizándolo!? Si tal lo es, evidenciaría un maquiavélico y perverso plan del cual todo creyente daría su alma por inculpar a los hombres y exculpar a Dios: me atrevo a suponer.
Las columnas de humo negro –en frecuentes e históricas votaciones– significa que algunos Purpurados interpretaron o escucharon de distinta forma y mal –después de prolongados desvelos e innumerables e interminables oraciones solicitándole al Señor Santa Iluminación para no errar en la elección– la voluntad certera del Espíritu Santo. El Santo Espíritu no se corrige diez veces, no se retracta ni se equivoca ¡nunca!, aunque sobran citas Bíblicas que se contrapongan: hasta el corazón impuro culpa al hombre y sus maniobras y no a Dios: Si alguien pretende agregarles algo… Y al que se atreva a quitar alguna palabra de este Libro… […] Apo 22:18-19–. Pero siempre, por el arte de algún “más conciliatorio que milagroso consenso”, o una “reinterpretación mayoritariamente común” de la Divina Voz, al final de la elección, un ungido nuevo acata la orden Santa; mas ¡¿escucharían, todos, la correcta y misma voz que tantas veces mal –según votaciones erróneas– al oído les susurró?! ¿¡Cómo asegurarlo!? ¡¿Con la certeza de la primera errónea votación?!… Hmmm…
Y si, después de los fallidos intentos resulta ser la última votación una decisión coincidente con la voluntad Divina, ¿se arriesgaría Dios a –después de elegir, dese el inicio de los tiempos, a su representante terrenal– designar a uno que en un futuro próximo –conocido invariablemente por Dios– le vaya, esgrimiendo cualquier válida circunstancia terrenal, a renunciar? La fatiga, la salud física y la mental son tres: Jesús les respondió: Les aseguro que si tienen fe y no dudan, no sólo harán lo que yo acabo de hacer con la higuera, sino que podrán decir a esta montaña: “Retírate de ahí y arrójate al mar”, y así lo hará […] Mat 21:21. ¿Bastará la oración de dos mil millones de fieles para que el Papa recupere la salud?: Todo lo que pidan en la oración con fe, lo alcanzarán. […] Mat 21:21-22.
Si algo erróneo, ambiguo, contradictorio o falso se encuentra en el Santo Libro del Señor, –“algo” como lo expuesto aquí–, aborrezco suponerle al escribiente, al traductor y al propalador “santo” un mínimo de perversidad por tal manipulación, a Dios lo excuso –sin requerirlo–. ¿Usted?
Jesucristo reclamó, mas no abandonó su cruz.
Quizás pronto, sin demasiados consensos –posteriores ni previos– havemus Papa.
La voluntad de Dios, nadie la podrá demostrar ni saber: ¡nadie!
«Que Dios los perdone por lo que hicieron». Palabras de Jorge Mario Bergolio dirigidas –durante una cena de celebración– a los Cardenales electores que recién lo habían nombrado Papa. ¿Acaso supone algún error en su elección y no haber sido el Espíritu Santo quien a los Cardenales “inspiró”: incluyéndolo?