jueves, 16 de julio de 2009

CULPAS Y DISCULPAS

La costumbre le exige al retraso una disculpa, a la inasistencia –cobijada en el olvido, cierto o falso– a un compromiso, otra: la atención, la educación, la “carga moral”, y hasta la “moral social”, la respaldan. (Tema aparte los abusos y delitos, que no requieren solicitudes de perdón ni perdonarse, exigen el cumplimiento de una pena).

Arrepentirse de la tardanza –o del no haber llegado–, ubican, al impuntual y al ex ausente, en una situación incómoda que le exige acuciar el ingenio para esgrimir una excusa, cierta o inventada, pero creíble: ambas; y al pensarla –cualquiera de las dos–, lo regresan, por un segundo al menos, a un pasado indeseable, penoso –a veces insoportable–, que ni la plegaria, –si lanzó alguna–, ni la disculpa solicitada, ¡lo cambian en nada!: el perdón negado u otorgado, ¡tampoco!; aunque la propia conciencia –incluso la social– lo exija para aligerarse la carga, simplemente porque siempre llegará tarde, ¡siempre!

A demás, a la conciencia se le engaña fácil con auto-justificaciones vanas y realidades inventadas, haciéndola sentirse ligera de culpas o libre de cargas: vacía de lastres; con el olvido conciente evadiendo realidades pasadas innecesariamente objetables; con la plegaria interminable, ferviente e incansable, buscando el equilibrio, la paz; con el arrepentimiento sincero y el perdón sentido recibido; con la magia de un elixir en medio de un esotérico ritual o en el éxtasis del misticismo de la meditación, que podrán transformar la percepción de la falta, la energía de la contrariedad, en paz: ¡pero nunca la esencia de lo que ya fue! Porque será imposible sacarlo –cambiarlo o transformarlo– de “ese otro lugar especial”, inaccesible a la voluntad y a salvo del hechizo del rezo, de la magia y del milagro; ¡afortunadamente!:

¡De la inconciencia imborrable!

Es ahí donde los hechos se tatúan para siempre, donde la lección reposa poco y se repasa pronto, donde las vicisitudes enseñan sin importar el tiempo que en aprenderles se tarde, donde el arrepentimiento es genuino, inolvidable, sin exhibirlo, sin hacer alarde; donde la disculpa asimismo llega en un tiempo preciso, nunca tarde; donde la consecuencia se graba: ¡donde se aprende!

Ya erguido o corvado, ya con pelo o sin este, negro, canoso o pintado; ya sano o enfermo rumbo al pozo: ¡pero se aprende!

Y el que sintió la falta como irrespeto, el que consideró despreciado su tiempo o el desesperado que se quedó esperando, el ofendido, si no reclama la disculpa, sí rumia la opción del desquite con la venganza, o lo hacen sentirse “moralmente” en ventaja para condicionar el compromiso siguiente.

Pero no lastimemos más a los “orgullos arrepentidos” (y el de los que esgrimen ofendidos el insulto) picando donde sabemos que duele; dejémosle tal acto a la inconciencia, a quien nunca se le termina el filo: la venganza jamás tendrá tanto.

Si la intención vengativa no existe, no nos ofendamos con la disculpa: pidiéndonosla y dándonosla.

Y de existir, autosugestionarse a tiempo –para no arrepentirse después– de que su sabor es dulce y no amargo: es necesario. Muchos, que evidencian su experiencia por los vericuetos de las celadas antiguas (y saldadas) “dicen” que lo es. Tragársela sin esa sugestión, arriesga al osado a convertirse en un arrepentido más, en un extraviado buscándose eternamente afuera: por dentro, amargo y vacío; que mal no vive testimoniándolo y vanagloriándose de haber resurgido (de resurgir), más no por haberse encontrado, ¡no!, sino ¡gracias a Dios!, –lo grita eufórico, ido, tranzando en trance el perdón de su falta cada vez que la vuelve a cometer: recordándola–; o vive mal, con el cáncer de la culpa enquistado en la memoria y el arrepentimiento buscándose un sosiego tardío; el cáncer que al fin de cuentas ya empezó a matar a los dos: al arrepentido buscando el perdón que lo salve, borre y repinte su pasado con los colores de un milagro imposible, creído lo contrario, y al que mastica a conciencia la culpa recriminándose tarde con el “hubiera” irreversible, por el sabor amargo que le dejó lo que no hace tanto le pareció ¡también lo contrario!

Pero basta ya, dejémosle tarea al pensamiento con una objetividad distinta, menos fatigados y con una ociosidad más productiva, para que explore razonamientos propios y no persiga las letras de éstos míos, que libremente pudieran creerse conducen al final de a un razonado engaño, o con una intencionalidad oculta de convencimiento sustentado con elementos falsos, o de parecer precisos, acertados, suponerlos producto de la chiripa y creer que la historia del amigo aquel que tocó la flauta se volvió a repetir.

Razone los propios, por los vericuetos que sus principios consideren ciertos, atrévase a descubrir e ir deduciendo andado por las veredas internas que la inteligencia, el instinto o la imaginación le marquen.

Al final, si no terminamos maravillados por la coincidencia de las deducciones –al inicio aparentemente perdidas, distantes o distintas– en un mismo punto, seguramente la separación entre ambos no será tanta, ni impedimento para que nos dispongamos a escuchar un concierto magistral en sol mayor, con flauta dulce, pero no como el amigo aquel, sino ¡interpretado a conciencia!, ¡a dúo!: dulce como las ilusiones y no amargo como el pesar de ayer, pesar que en ese preciso instante, nos daremos cuenta, ya no tendrá sabor.

Y si por alguna razón la magia deductiva nos aleja del encuentro y del festejo, no significa que las rutas tomadas estén erradas, ¡no!, simplemente es que aun no es hora de que coincidan encontrándose: ¡y punto!

Ésta “impersonal” forma de comunicación le resta vuelo a cualquier susceptibilidad que se sienta, en sus principios “inculcados”, lastimada, a cualquier conclusión que no duerma, temprana, que se aferre a “su verdad” para imponerla, y le impide el replique sin pensar y a la carrera que solo conduce a la polémica; a la polémica infértil que deja un placer falso eructando vanidades ganadoras que se despiden gozándose, y decepciones perdedoras buscando justificarse (por lo que se dijo mal o no “muy claro”) generalmente tarde, innecesarias: ambas.

Le invito a que hagamos el ejercicio, desoxidemos al pensamiento tratando de encontrar, en esos vericuetos de los remordimientos por las culpas y disculpas, entre el acato lo impuesto o el creo e impongo lo mío, la media entre los dos: sin que sea condición el hacerlo o elegir cualquier opción entre los tres (no hacer nada es el tercero); bien se puede “seguir viviendo” sujetándose o copiando las que plazcan”.

¿Le place la significación de intrascendente?

¡A mí no!

Una actitud distinta en el “ahora”, un abrazo sincero, una sonrisa franca, una copa de vino que humedezca una plática que finge a la perfección haberse olvidado de la falta, no son solicitudes de disculpa: ¡son suficiente!

¿Le parece?

A propósito, y solo por “cortesía y educación”, y ¡que carajo!, ¡también por costumbre!, nomás venía a disculparme por mi temporal ausencia del Blog: ¡nomás a eso!…, y mire todo lo que salió.

Y más a propósito del ante-antepenúltimo párrafos: ¡Salud!

Publicado por Alfonso Díaz Ortega, en:
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Julio 14 de 2009.

domingo, 1 de febrero de 2009

DENISSE: VALOR EN FALDA DE MUJER

Comentando el Discurso de Denisse Dresser
en el Foro “México ante la Crisis” publicado en el Universal (México, viernes 30 de Enero de 2009)

Es inútil pedirles a los Senadores y Diputados que recuerden una historia escrita hace siglos para que ejerciten su intelectualidad, actualizándola, pues toda su atención e inteligencia la absorben el cabildeo –en su exacta significación– partidista que les prometa –en un futuro que descaradamente ansían sea muy próximo– a la postre beneficios personales, y en el estar puliendo sutilezas para esquivar los cuestionamientos sobre sus responsabilidades constitucionales vergonzosamente incumplidas: legislar por y para beneficio de México, o de los ciudadanos, que es lo mismo. Bastará sugerirle a los Señores Legisladores –por consideración “a sus agotables y múltiples funciones”– fatiguen menos su intelecto, y hagan, sino un comparativo, sí un análisis de épocas históricas menos distantes, más cercanas y recientes: la condiciones de Gobernabilidad y la situación del País en cualquier sexenio de las siete décadas de la democrática “Dictadura Perfecta”, y la actual.

En cualquiera de esos históricos sexenios, El Presidencialismo autoritario regía, ordenaba, se imponía, tenía el control total con sus “cuestionables” métodos para lograrlo, –léase Gobernación operando, sin que fuera “franca y abiertamente” criticable la legalidad o ilegalidad con que actuaba; lo importante era ejecutar la orden, a como diera lugar–, pero lo tenía y ejercía. Cualquiera que osara moverse antes de tiempo y sin oficial autorización, sufría el castigo histórico de no quedar plasmado en la foto del recuerdo, si era un “pobre” Político; exento del convite a lucrativos proyectos gubernamentales o posibles concesiones, si era un Empresario prominente; destituido por la asamblea que lo eligió, si era Líder Sindical; convertido repentina y desafortunadamente en “común ciudadano con licencia”, si era Funcionario Público, Legislador o Gobernador.

Sin embargo, para sostener los métodos de gobierno “incuestionables” durante tantas décadas, el Presidencialismo, –entiéndase Presidente, Gabinete, Legisladores, Magistrados y “Compadres”; en ese innecesariamente riguroso orden–, si no compartió con “más extraños” los beneficios que descaradamente hurtaba del Erario, –blindado con la cobija del supremo poder en funciones, y garantizados salvos “todos sus ahorros”, ya en su retiro, con una vitalicia inmunidad brindada por “su elegido sustituto”–, si ofreció –“bajo el mantel”– oportunidades para hacerse y saborear “tajaditas del pastel” en una complicidad que le abreviaba críticas y oposiciones radicales; cediendo concesiones, otorgando facilidades para negocios grandes, repartiendo, compartiendo o dando oportunidades para hacerse de las “quebradas” Paraestatales, haciendo Grande a los que no eran tanto y apoyaban con silencio y efectivo mucho: ¿A quiénes? …, ¡acertó!, a los Medios de Comunicación, a las Empresas de los Líderes Empresariales convertidos, en el milagroso brinco de un sexenio a otro, ¡en fotogénicos Magnates para Forbes!, o acreedores de un espacio chiquito ganado con sus fortunas grandes, justo para escribir su nombre y su semblanza que inicia en una pobreza “de lástima” y no termina de completarse como Accionistas Mayoritarios y Presidentes de un sinnúmero de Grupos Empresariales; a los Líderes Sindicales de las Empresas Paraestatales y de los Gremios comparsas usados para el desfile, la fiesta, el halago y la votación; a los Compadres o ex-compañeros de la Primaria, de la Ibero, o de la Maestría en Economía en Yale o Harvard; en resumen, comprando con lo ajeno, sino voluntades, al menos su silencio cómplice durante setenta años, con la oferta de beneficios enormes.

Así que no hay que exigirles demasiado a nuestros –el “nuestros” es por mi desacuerdo con la exclusión, en ausencia del posible– estimados –acá también cabe alguna anotación parecida a la anterior, pero tome Usted la decisión de insertarla, o no– Legisladores, porque tal época de referencia, fue vivida por la mayoría, y muchos de ellos –y me atrevo a decir que más del 50%, bastará repasar el largo listado de apellidos de abolengo político–, son gustosos herederos de su “Profesión”; desde la infancias fueron alimentados y educados con dinero procedente del Erario, legalmente convertido en el “salario digno” de sus respetables Progenitores. Y quienes no lo fueron, ya desde sus años mozos pintaban bardas o repartían propaganda “subversiva”; cerraban PEMEX o se robaban urnas; compraban por un taco el voto del hambriento, o amenazaban al pobre con retirarle su pensión; convencían con su verborrea espléndida al indeciso o al desesperado por un cambio apremiante; propalaban los geniales planes de prosperidad del candidato y vaticinaban la incertidumbre y el hambre que causaría la inexperiencia del contrario; aplaudían al candidato o le cargaban orgullosos el velíz; invadían predios ajenos o negociaban la intención de hacerlo; secuestraban autobuses, lideraban paros en la Uni o andaban en el montón. Estos “no herederos de la profesión”, indudablemente también gozaron de la percepción de fondos del Erario, a través de sus Partidos o Munícipes, de los Diputados o Senadores, de los Gobernadores o de Líderes “a modo o en contra del Sistema”; del Sistema que por conveniencia financiaba las actividades a favor, o compraba, con “apoyos bajo el agua”, las contrarias, regulándoles con derecho, el volumen de cualquier justa reclamación.

Esto lo sabíamos todos, lo tenían documentado los Medios de Comunicación, los Líderes Empresariales, y claro, ¡Gobernación! Pero solo ésta hacía uso de tal información, negociaba el silencio o el volumen de la protesta, concedían lo requerido para mantener el equilibrio.

De Gobernación y su Centro de Inteligencia no escapaba nadie, desde el Líder más Poderoso hasta el menos feliz, ¡menos el antiguamente llamado cuarto Poder!: ¡Los Medios de Comunicación!

¿Habrá todavía ingenuos que crean que todos aquellos archivos de seguimiento e investigación a los que ahora están en el Poder permanezcan aún en Gobernación? Ciertamente lo dudo.

Bien, Gobernación los utilizaba para su provecho, controlando y asegurando la estabilidad social y bien lo hizo, pues cumplió con su función.

Ahora, porqué, quien la tenga, ¿no habrá de utilizarla para “casi” exactamente lo mismo?



Sugerir algún Sistema Económico más exitoso que el nuestro para implementarlo en México, no lo pretendo; evidenciar nuestro inoperante Sistema comparándolo con Economías de Mercados más eficientes, tampoco; vociferar reproches por lo que se hace, aunque sea “tan tarde”, ¡menos! Acusar a “alguien”, basado solo en el arte de la deducción lógica, y sin pruebas: ¡difamación!, sería el título de la contra demanda, y seguramente ningún Banco de los Señores difamados –o de sus Compadres– me prestaría un centavo para pagar la fianza. Lo que si puedo hacer es ejercitar mi intelecto, como nos invitó Denisse, pero siguiendo mi cuento por exigirme menor esfuerzo al ser menos antiguo, más reciente: abarca épocas que alcance a vivir; y… honestamente, no leí el libro Ese ni se quien es Madame Quien Sabe Qué; además Madame no escribió lo que dijo Denisse. Pero de lo que sí estoy bien seguro, y voy hacer, es exhibirles con la simplicidad de los no graduados en Harvard –ni en ninguna otra parte–, la conclusión del ejercicio regresivo.

En aquellos años –de la regresión–, el poder no estaba repartido en Tres, como constitucionalmente se manda, sino era ejercido totalitariamente por una sola Persona, utilizándolo bien o mal –generalmente más lo segundo– se imponía exigiendo respeto y disciplina desde el momento mismo de su toma de posesión, los expiatorios ejemplificaban el futuro evidente de la osadía personificada en cualquier inconforme, que arduo se hacía del primer sitio de la fila para el besamanos de la sumisión.

Era Uno solo quien mandaba, era Uno al que se le colgaban todas las glorias del sexenio, era uno solo el que arrastraba todas las culpas en su exilio. Pero ¡ay!, el poder corrompe el corazón de los hombres que desconocen los límites de lo suficiente e ignoran el significado de la honestidad; la codicia hizo su Agosto sexenal y cíclico corrompiendo a más; los codiciosos no se fueron, siempre han estado enriqueciéndose de ahí o gracias a las leyes emanadas “a modo” de ahí, los democráticamente elegidos cada sexenio, sí. De ahí surgieron las fortunas de muchos de los grandes afortunados que mencionó Denisse.

Ahora los archivos de Gobernación están casi vacíos, ya no tiene la fuerza de la amenaza y el chantaje para imponerse, ya casi a nadie puede obligar; de tener aquellos archivos el poder lo ejercería Uno nomás. Originales, copias y más copias de los que había están en las bóvedas de los que mencionó Denisse.

Ahora el Poder, como constitucionalmente se marca, sí es ejercido ¡por una inconforme poligamia de Tres!, sin que le corresponda un tercio a cada quien; por Tres que han hecho de las responsabilidades erradas un balón para aventarse las culpas: los Tres. Quien carga con los errores y le escatiman los aciertos es Él Ejecutivo, nada más.

Los que mencionó Denisse no les agrada el fútbol, pero su beneficio sí: hace mucho tiempo que, con unos secretos adquiridos, y centavos, se les concesionó la cancha, financian los Partidos, y las camisetas de los Equipos ¡son de su color!

Así pues, ¿cómo carájos van nuestros “honorables” Legisladores a darle órdenes al Patrón?

¡Menos!, a modificarle el Modelo Económico que “tanto les ha costado” y del que “miles de veces más se han beneficiado”.

¡Pero ay!, el Poder corrompe el corazón de los Poderoso: y la desesperación ¡enciende al espíritu de los desgraciados!



Denisse lo dijo, y lo dijo bien, mencionó los Nombres y Apellidos: y los dijo fuerte.

¿Es muy valiente Denisse?, ¡sin duda lo es!, pero… ¡ciertamente es más inteligente!

Sabe que la codicia de los Nombre que mencionó es más grande que sus Apellidos para Forbes, y que difícilmente le apagaran los micrófonos o le esconderán las cámaras para cualquier programa que asegurará un reiting registrable en Guinness, y pesos, muchos pesos.

Más con esa, su inteligencia, no culpó a los mencionados, –responsabilizó en parte la inacción de los Legisladores–, pues ya ha conocido experiencias de las consecuencias de desacuerdos que arrebatan por buen tiempo los micrófonos.

Dudo, dudo que cualquiera de nosotros desee despertar la ira de un Poderoso, y más aún padecer las consecuencias de su venganza.

Pero…, ¿Unidos?



Ya llegará un Valiente que nos UNA y que se imponga: aunque no sea hoy, hoy, hoy.


Alfonso Díaz Ortega
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Enero 31 de 2009